Ágora: Tecnología y cambio social – PARTE II
- Emanuel del Toro

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Tecnología y cambio social. Una reflexión en torno a las diferencias entre el mundo actual y el mundo de hace treinta años. – PARTE II.
Por: Mtro. Emanuel del Toro.
La influencia de los medios de comunicación sobre nuestros hábitos de consumo, resulta sin duda, un tema crucial para entender a cabalidad los cambios sociales y/o culturales vividos en los últimos treinta años con el uso exacerbado de las nuevas tecnologías y las interfaces de base informática, pero no constituye su epicentro. La cuestión de fondo, se relaciona más que con la disponibilidad de la tecnología en sí, con la profundidad y/o el alcance que hoy tiene la conectividad informática, y el impacto que esa conectividad ha propiciado sobre nuestro modo de pensar y hacer las cosas, así como sobre la manera en que nos apropiamos del mundo en que vivimos.
Su influencia se extiende de forma por demás regular, no sólo sobre nuestras rutinas diarias y los espacios a través de las cuales las materializamos, sino fundamentalmente sobre nuestra cognición y el modo en que interpretamos el mundo en que vivimos. Lo que a su vez compromete la profundidad de nuestro pensamiento y la capacidad que tenemos para generar un criterio propio, a modo de contrarrestar la tendencia homogeneizadora que el uso excesivo de la tecnología informática parece haber desencadenado. De ahí que se diga que las nuevas tecnologías de la información lo trastocan todo, y lo hacen de modo tan significativo, al punto de que en la actualidad quien no existe digitalmente, se encuentra severamente aislado del mundo.
Sin duda que estar conectados digitalmente, ofrece la posibilidad de integrarnos socialmente; por principio de cuentas no sólo nos acerca en términos de comunicación, además nos permite coincidir con personas afines y/o con la posibilidad de cultivar intereses compartidos. Pero a un mismo tiempo, estar tan hiperconectados y necesariamente influenciados digitalmente, tiene efectos sobre nuestras posibilidades de desarrollar una identidad y/o un pensamiento propio, que sea simultáneamente crítico, creativo e independiente. Una cuestión sobre la que convendría poner mayor atención, preguntándonos; en lo personal, por la calidad y/o la idoneidad de los contenidos que consumimos. Pero también en lo colectivo, como sociedad, respecto al tipo de tendencias que se vuelven virales y/o al por qué es que se les da mucha cobertura mediática.
Piénsese al respecto por ejemplo, el fenómeno de los llamados “influencers” dentro de lo que es la esfera de las redes sociales, para describir a aquellas personas que por la exposición mediática y/o la visibilidad pública que reciben, terminan fungiendo o ejerciendo como catalizadores o difusores de contenidos, que masificados por el alcance que ofrecen las plataformas digitales, terminan volviéndose tendencia social. Un tema, sin duda polémico, sobre el que hay mucho que analizar y/o decir. Pero que pone en perspectiva la profundidad con la que las nuevas tecnologías de la información han transformado nuestras vidas y las percepciones que de ellas tenemos. Porque no sólo han modelado y/o cambiado el modo en que llevamos nuestro día a día, además están teniendo un impacto directo sobre la manera en que como sociedad nos percibimos y/o reconocemos.
En ese sentido, cabría preguntarnos, si tales tendencias pueden o no ser instrumentalmente dirigidas, tanto por particulares, como por los propios corporativos que las sostienen, incluso por gobiernos o sus opositores. Lo digo de este modo, porque cuando uno se pone a pensar la alta dependencia que como sociedad tenemos de las tecnologías informáticas y/o de su conectividad a la red, es difícil no preguntarse respecto a las implicaciones sociales de la información disponible en redes y su relación con diversos intereses privados y públicos. Lo cual es una cuestión que cabría esperar, cada vez vaya tomando más notoriedad o importancia pública, en la medida que los gobiernos de todo el mundo se encaminan a consolidar esfuerzos por digitalizar a sus respectivas sociedades.
La digitalización del mundo, vía las nuevas tecnologías de la información, ha estrechado nuestras capacidades de comunicación de forma nunca antes vista, al tiempo que ha ampliado de sobremanera la cantidad de contenidos a los que como sociedad podemos acceder. Pero también a un mismo tiempo, ha ampliado los alcances negativos de la responsabilidad personal. Lo que pone en perspectiva una cuestión crucial: en cuestión de tecnologías, lo que hace la diferencia, no es la capacidad operativa de los equipos con los que accedemos, sino la habilidad y/o la pericia personal para integrarlos en nuestras vidas sin sobredimensionar su valor. Porque su uso no puede sustituir el trabajo crítico de discernir la idoneidad de un recurso y/o de la información a la que se accede.
En ese sentido, la disponibilidad de información y/o referencias que ofrece el mundo digital hoy en día, es prácticamente inagotable. No hay virtualmente ningún libro, artículo y/o texto académico, archivo de música, película y/o recurso de información o contenido que, –ya sea de modo legal o no–, no esté disponible en la nube digital de la red. A contracorriente de lo que ocurría con mi propia generación, –para la cual la búsqueda en redes de cualquier tema, era prácticamente una suerte de juego de azar, en el que nunca se sabía si se encontraría o no lo que se buscaba–, hoy la disponibilidad de información es exponencialmente mayor de lo que era al inicio del boom digital-informático.
Para alguien que como su servidor, vivió su adolescencia y juventud entre el final de los 90’s y principios de los 2000, y además en una ciudad de provincia como San Luis Potosí, –con todas las complejidades que ello suele representar–, vivir en una ciudad siempre tan ridículamente enamorada del costumbrismo moralizante, como de un pasado al que románticamente se le atribuye un esplendor que nunca tuvo, y por el que con frecuencia cualquier cosa que viniera de fuera o se apartara de lo convencional, era vista con recelo y/o suma desconfianza, creo firmemente que ningún aspecto de las llamadas nuevas tecnologías digitales de la información, ha sido mucho más impactante, que el de tener la posibilidad de acceder a material de todo estilo, –entre música, películas, libros y/o textos académicos y mucho más–, que en otros tiempos, no sólo no estaba disponible, es que virtualmente el único modo de conocer el material en cuestión, era que, o conocieras a alguien que lo tuviera previamente, o que te tocara salir de la ciudad. Porque de otro modo, era auténticamente imposible que se le llegara a conocer.
Porque en el San Luis Potosí al que llegué procedente de los Estados Unidos, a inicio de los años 90’s, no sólo nunca pasaba nada socialmente relevante, es que encima se trató siempre, de una sociedad por demás conservadora, y desde luego, terriblemente cerrada a cualquier posibilidad de cambio y/o innovación. Lo que sin duda, tuvo sus respectivas repercusiones para lo que toca al acceso a la información. La cual estuvo siempre muy restringida y/o controlada, lo mismo por sus gobiernos, que por el celo moralista de no pocos de sus habitantes, que cuando no comprendían algo, optaban por hacerle mala prensa o imagen, incluso por sabotearle con todo y la anuencia de la Iglesia y/u otras denominaciones confesionales parecidas.
De ahí que para sociedades como las de San Luis Potosí, la llegada y expansión de las nuevas tecnologías digitales de la información, se volviera un punto de inflexión formidable. Tras su llegada, nada volvería a ser lo que solía. De pronto, material y/o contenidos o recursos de información que en la localidad no estaban disponibles de manera regular, o eran en el mejor de los casos, de acceso muy limitado, ya por su costo, lo mismo que por el desafío que representaban para el establishment, se podían acceder como si cualquier cosa, con apenas un par de clics. Si acaso en aquel momento, la disponibilidad de dicho material estaba muchas veces sujeta a que algún particular hiciera el favor de subirlo a la red, pero con el paso del tiempo, tal limitación iría perdiendo importancia. Hoy es un hecho que prácticamente cualquier cosa está al alcance.
CONTINUARÁ,,,

















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