Ágora: Las verdades a medias, son mentiras completas – PARTE I
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Las verdades a medias, son mentiras completas. – PARTE I.
Por: Mtro. Emanuel del Toro.
De unos años para acá, tanto por la inercia del cambio político precipitado en 2018, mismo que generó muchísimas expectativas, –hasta ahora incumplidas–, como por el efecto de la excesiva concentración de poder en una sola fuerza política, se ha puesto de moda dar por descontado que todo lo que se intentó en los 40 años previos a la llamada 4T, no tuvo la menor importancia y/o que incluso fueron tales gobiernos los que deliberadamente instauraron las condiciones necesarias para perjudicar a los que menos tienen.
Según la lógica argumentativa de quienes así piensan, todo lo que está mal en este país, incluso lo que está mal hoy y lo que estará mal en el futuro, es y será culpa de Calderón y todos los gobiernos neoliberales que le precedieron. Si lo sé, el argumento es francamente ridículo y/o un tanto simplista, porque está en el mejor de los casos, construido en base a verdades a medias; y bueno, ya se sabe que se dice al respecto, las verdades a medias, son mentiras completas. Pero ya está claro que a quienes aplauden acríticamente a la 4T, no les da la cabeza para más. Según su narrativa, no sólo todo es culpa de los gobiernos anteriores, es que las administraciones actuales no son responsables de absolutamente nada, porque para que la transformación se note realmente, es preciso que pasen las décadas, ya que en un solo periodo de gobierno no se puede corregir todo el mal que supuestamente hicieron los gobiernos de los últimos 40 años.
Lo chistoso de lógicas del estilo, es que se encargan de olvidar selectivamente, que los políticos que generaron toda la devastación que el gobierno de turno atribuye al llamado “modelo neoliberal”, –para referirse a aquel proceso de modernización que trajo como consecuencia la privatización entre los años 80’s y 90’s, de la mayoría de las paraestatales que otrora estuvieran en manos del gobierno–, no fueron los tecnócratas que cínicamente se aprovecharon de la urgencia que existió por modernizar política y económicamente al país, a modo de remediar el desastre económico dejado por gobiernos populistas corruptos. que gastaron a manos llenas las ganancias generadas por PEMEX durante los 70’s por el boom petrolero del descubrimiento de Cantarell, sin rendir cuentas a nadie, –hasta el punto de que un día, sencillamente ya no quedaba nada más que saquear–, sino las élites nacionalistas revolucionarias del viejo PRI, que se vieron desplazadas del poder desde 1982, ante el estrepitoso fracaso de sus políticas redistributivas.
Políticas que en el papel sonaban geniales; digo, si se lo piensa en corto, quién no va querer que un gobierno subsidie de todo, o que le otorguen un plan de asistencia social, por mucho más cuando se vive muy limitado. Políticas redistributivas que se ejercieron sin el más mínimo control, y como toda la vida, con criterios político clientelares, hasta el punto mismo en que el país no dio más de sí. Porque literalmente se habían pulverizado los incentivos económicos de la sociedad; o lo que es lo mismo, para quienes eran beneficiarios de programas sociales, no había ya ganas de innovar, emprender o crear, ni que decir de aspirar a vivir mejor por cuenta propia.
Porque claro, igual que hicieran los gobiernos autoritarios del viejo régimen de partido hegemónico del PRI de antes de 1982, los políticos nacionalistas que hoy nos gobiernan, manejan un doble rasero de ideas. Al tiempo que se enriquecen groseramente por manejos discrecionales y/o corruptos del poder, sostienen cínicamente que aspirar a vivir más decentemente, te vuelve un codicioso aspiracionista, además de un posible enemigo del interés del “pueblo sabio y bueno”, que no es más que aquella parte de la sociedad que está de acuerdo acríticamente con el gobierno.
Su lógica es por demás clara, como perversa. Se cuenta con la franja más empobrecida de la sociedad, cual si de un reservorio político electoral se tratara, para eternizarse en el poder. Porque se da por descontado que si sus condiciones de vida mejoran, se les olvida luego de donde vienen y ya no votan por el mismo estilo de gobierno. Lo dicho toda la vida: Tenemos la clase de gobiernos que nos merecemos. Sólo que se nos olvida que en esto de salir adelante y prosperar, no hay caminos cortos o atajos, y que cada que se cree que se puede ejercer políticas redistributivas, sin resolver previamente cómo y quién se supone que las va a pagar, lo único que hacemos es comprometer el futuro de generaciones venideras. Una lógica cortoplacista y/o sumamente egoísta, que huelga decir, siempre que se la ha ejercido, ha demostrado no funcionar. Gastar más de lo que ingresamos, es siempre la fórmula perfecta para el desastre. Una lógica que cualquiera tendría necesariamente que entender si no quiere terminar pagando las consecuencias de suma precariedad que gastar más de la cuenta genera.
¿Por qué entonces salieron tan mal las privatizaciones del sector público en América Latina durante los 80's y 90's? Hablemos claro, lejos de lo que el simplismo ideológico del actual gobierno aduce, no hay respuestas sencillas al respecto. Por principio de cuentas cabría indicar que las privatizaciones en la región fracasaron en muchos casos, por falta de regulación efectiva, corrupción, y una implementación apresurada y/o errática, que priorizó objetivos fiscales sobre el bienestar social. Ello generó una seguidilla de consecuencias desafortunadas que terminarían en un aumento desmedido de precios, exclusión de sectores vulnerables y deterioro en la calidad de servicios públicos esenciales.
La ausencia de regulaciones claras en la materia, aunado al alto grado de discrecionalidad con la que los gobiernos de turno se condujeron en tales procesos, favoreció que la mayoría de las empresas originalmente estatales, operaran sin controles adecuados. Lo que a su vez permitió abusos monopólicos, pero además, el despilfarro sistemático de los recursos generados con las privatizaciones, que en vez ser utilizados para causas públicas, terminaron en los bolsillos de los propios gobernantes de turno. Ojo con el tema, si insisto en retratar lo más brevemente posible la totalidad del panorama desencadenado con las privatizaciones, es porque con frecuencia, cuando el tema sale a relucir, se tiende a pasar por alto la responsabilidad que sobre la cuestión tuvieron nuestras propias elites políticas nacionales.
Responsabilidad que queda con frecuencia infravalorada por la narrativa que acusa a los intereses de las grandes potencias por hacerse con el control de las propias paraestatales. En ese sentido, cuando este y otros temas parecidos, –relativos al impacto social que la modernización económica y política del país tuvo sobre los más vulnerables–, se suele asumir, de modo un tanto simplista y/o incluso ideológicamente sesgado, que semejante desenlace obedeció, única y exclusivamente a la voracidad y/o perversidad con que el gran capital extranjero se fue posicionando sobre los intereses nacionales, al hacerse con el control de buena parte de las paraestatales que se privatizaron.
CONTINUARÁ…









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