Ágora: ¿Por qué es tan difícil amar? (PARTE I)
- 22 ago 2021
- 4 Min. de lectura
Por Emanuel del Toro

¿Por qué es tan difícil amar? (PARTE I)
El amor es complicado porque viene cargado de muchas implicaciones, pero también de multiplicidad de significados, por amor y en su nombre hacemos prácticamente cualquier cosa, desde vivir o matar, hasta hacernos la vida un infierno; tal vez sea por ello que hay una canción que dice: ¡ay amor ya no me quieras tanto! Cuando algo viene muy cargado de consecuencias y/o significados, necesariamente viene cargado de expectativas.
El problema es que no siempre tales expectativas son tan humanamente realizables. Lo que no implica que se tenga porque renunciar al más natural de los actos humanos: amar. Sino ser sólo más cautos y también flexibles. Ahora bien, si se habla del amor de pareja, es todavía más complejo que el filial y/o el de amigos, porque implica congeniar las expectativas de uno mismo, con las de otra persona que no se sabe si ha terminado o no de resolver sus propios conflictos.
Por eso es que amar no necesariamente se empata siempre como se quisiera. A veces porque no se sabe realmente qué queremos, o porque se tiene una idea tan exigente de lo que estar en pareja significa, que no importa si se llega a ser correspondido por el tipo de persona con la que toda la vida hemos querido estar, con toda seguridad lo echaríamos a perder si no tenemos el grado de aprendizaje óptimo para empatar expectativas.
Poniéndolo de forma muy resumida, el amor de pareja pasa necesariamente, tanto por la atracción física, la persona te tiene que gustar; la química humana, no sólo es que te tiene que parecer atractiva y/o interesante, además tiene que haber algo de humana sincronía, algo de empatía, algo de natural comodidad y afinidad: un algo que se tiene o no se tiene, y que para decirlo claramente: es inútil forzarlo. Porque depende en esencia del estado vibracional y/o de maduración del propio ciclo de vida que cada persona lleva.
Al respecto creo poder decir que todos hemos conocido alguna vez personas de las que en otro tiempo pudimos habernos enamorado y darnos cuenta que no ejercen ya el más mínimo interés, así como personas con las que nunca creímos hallar sincronía y que sin embargo te cimbran el mundo cuando las descubres, eso es lo que sucintamente llamo sincronía.
Y es también la fuerza detrás de muchos de los conflictos de pareja más inexplicables que hay cuando se va por la vida vinculándose en forma promiscua o descuidada, a prácticamente cualquiera sólo por la atracción de lo aparente, sin el más mínimo cuidado por auto conservarnos. Es también el motivo por el que las más variadas tradiciones religiosas y culturales nos invitan a ser cautos a los modos afectivos en los que nos involucramos, así como en las licencias que nos otorgamos en el ejercicio de nuestras capacidades amatorias.
Si hablo de sincronía como condición del amor, para que un cariño sincero verdaderamente prospere y/o funcione, lo hago porque soy de la opinión de que una buena relación de pareja, es también necesariamente una buena relación de amistad, si no hay ello, no por mucho que lo fuerces o te esfuerces, se va a dar. Muchas personas se esfuerzan tanto por agradar a quien les gusta, que incluso sin darse cuenta dejan de ser ellos mismos; desde luego que no todo es human sincronía, también hay necesariamente acuerdos por establecer, hechos a medida de los valores culturales, de proyectos de vida, del mutuo respeto y la aceptación, de los modos de ser y hacer la vida diaria misma.
Quizá en otro momento aborde este tema más ampliamente, porque lo de la sincronía afectiva es todo un tema en sí mismo, pero de momento me limitaré a decir que sincronía existe positiva o negativa, porque así como se puede coincidir en estados vibracionales altos o positivos, es un hecho que también se puede congeniar en carencias. No es verdad que siempre se congenia en virtudes o sincronías positivas. De hecho congeniar en carencias ocurre con demasiada frecuencia que hay virtualmente parejas que se matan la una a la otra enganchándose adictivamente al padecer y sufrir. Y suelen dejar tras de sí experiencias tan intensas, que se vuelven razón de hacer la vida de sus participantes desdichada y miserable, pero ni por ello son capaces de dejarse.
Ahora bien, si todo esto llega a empatar, es justo decir que aún queda pendiente la química sexual; la cosa es que se puede estar con una persona que nos parezca atractiva, interesante, excelente amiga, que incluso comparta visiones y/o proyectos de vida, pero si la cosa no funciona en la cama, o no te gusta el desempeño que en la intimidad tiene, igual terminará por no funcionar. Como se puede ver, tan amplias son las implicaciones que sobre el amor se abren cuando nos damos a la tarea de preguntarnos, por qué es tan complicado hallarlo o hacerlo funcionar, y por qué es que se debe tener una paciencia a prueba de todo para conseguirlo. Y si no va ser así, perfecto, cada cual que establezca sus propios acuerdos, pero eso sí, lo mínimo indispensable es que al menos exista la honestidad de saberse decir bajo qué condiciones es que se está dispuesto a correr riesgos.
Si todo lo que hasta aquí he dicho parece excesivamente amplio, al punto de sonar auténticamente imposible hallar un amor por el que valga la pena intentarlo todo, tenga en cuenta que al menos el día de hoy en términos de relaciones ya no funcionan las cosas como antaño lo hacían. Porque antes, además de todo lo anterior y/o muchas veces por encima de todo lo anterior, al momento de elegir pareja, además se debía tener en cuenta la clase social, la religión, el rumbo o ciudad, el prestigio, el dinero que se tenía.
Era tan pesada la losa de lo que se buscaba, que además de que rara vez era uno mismo quien elegía, la elección de pareja venía exigida de todo tipo de estándares sociales y/o familiares que terminaban volviendo la vida un completo desastre, frente al cual no había opción para salir de el, o siquiera atreverse a enmendarlo. Por lo que era común que las personas permanecieran de por vida, unidas a personas que incluso podían llegar a aborrecer. Aún más feo, todavía hay sociedades y/o familias o personas que se siguen guiando en el amor, por temas tales como el dinero, la posición social o el prestigio, y así les va.















.jpeg)




Comentarios