La Alianza de Cristal: El juego de espejos potosino ante la víspera de 2027
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La Alianza de Cristal: El juego de espejos potosino ante la víspera de 2027
Por: Mtro. Emanuel del Toro.
“Los hombres se cuidan tan poco de engañarse a sí mismos, y se dejan arrastrar tan fácilmente por las apariencias, que el que engaña encontrará siempre a alguien que se deje engañar.” — Nicolás Maquiavelo
El común de la sociedad tiende a pasar por alto que la política dura, la que verdaderamente se hace en lo cotidiano, desprovista de cortesías y principios, obedece a sus propias razones. Después de llegar al poder, la razón utilitaria más significativa de la política es la de mantenerse vigente entre los circuitos de control; objetivo en cuya obtención no existen reparos: se lo consigue al costo que sea; el fin justifica los medios –diría Nicolás Maquiavelo. ¿Cuál es –de haberlo– el límite? No hay en realidad límite alguno, no al menos en términos del control al que se aspira, el poder es el poder y punto. Sin tener en claro semejante principio, no se tendrá nunca la claridad necesaria respecto a los alcances y posibilidades para comprender los ires y venires de la vida pública.
Consideración que no debe sorprender a nadie, después de todo, más allá de cualquier aluvión discursivo, la política es una arena de dos estadios: acceso y ejercicio del poder. Lo uno no se consigue ni se entiende sin lo otro. Para ejercer el poder, es preciso acceder a él. Pero además habría que agregar que la política es, sí o sí, una actividad gregaria, de masa. Quien se moviliza, pesa por la cantidad de recursos que mueve –sean estos materiales o humanos–, por las canicas que de veras trae, se diría en la calle. La cuestión es que se necesita de condiciones excepcionales para romper semejante lógica, y aun cuando se le rompe, difícilmente resulta un equilibrio que se mantiene indefinidamente, y menos por sí solo. Lo cual tampoco debe sorprender a nadie, la política, como cualquier otra realización social, es una actividad de movilización de capital y de recursos.
Si a ello se suma la más elemental de las consignas del propio ejercicio político –que no parece siempre tan evidente, aunque debiera serlo–, hay que decir que la política es una actividad que se mueve y se debe, en última instancia, a los terrenos de lo anímico. De ahí su propensión a lo aparente, pero además a lo emotivo: la política es fundamentalmente una actividad de movilización anímica. Se debe a la capacidad de influir sobre las percepciones. Y es justo por ello mismo que la mayor de las victorias se consigue en el convencimiento del gran público elector, por mucho que la propia importancia de su papel resulte ilusoria, no porque carezca de peso, sino porque la observancia de su comprensión no se encuentra –salvo casos excepcionales– en sí misma. Lo que de paso confirma el juego capital que en ello juegan los operadores políticos, que son quienes verdaderamente cargan con el peso de mantener la capacidad de convocatoria.
Tampoco en ello hay realmente nada nuevo bajo el sol. Los liderazgos políticos más importantes se hacen en esencia de la capacidad para conectar con la masa. Cuanto más efectiva es la capacidad de convencer al gran público elector y no elector –porque la política, aunque se debe a ella, trastoca la arena de lo electoral–, más importante es el liderazgo político. Pero que no se llame nadie a engaño con semejante aserto, porque el convencimiento al que aspira un liderazgo opera simultáneamente en el acceso como en el ejercicio del poder mismo. La capacidad de convocatoria y movilización gregaria es realmente el bautizo de fuego de cualquier político, pero es también la evidencia misma de su fuerza o debilidad. El que no trae canicas, no trae con qué, se dice de común en la calle. Condicionalidad que no es, pese a su importancia, tan fácil de advertir una vez que se ha llegado al poder.
Y no lo es porque en el reino de lo aparente que la política es y donde se desarrolla, si algo hay que prevalece –lo mismo por compulsión o patología, que por sobrevivencia de quienes en ella concurren– es la adulación, el endulzar de oídos de los subalternos o aspirantes a subalternos; el canto de las sirenas, lo llaman propios y extraños en el argot de lo público. Porque así como hay quienes aspiran al privilegio de mandar, los hay quienes aspiran, a veces sin ningún disimulo, al privilegio de adular, todo sea con el interés de disfrutar de las mieles del poder.
Inercia que es tanto o más fuerte en términos de lo económico que de lo político en aquellas sociedades en las que el Estado, además de depositario del poder y la autoridad pública, resulta la fuente más importante de riqueza patrimonial, como ocurre en América Latina y México. De ahí que comúnmente se diga entre la casta política que si la ideología los separa, el presupuesto –y los negocios que al amparo del poder se hacen– los une. Y vaya que los une, porque no puede haber mayor mal para un político que el de vivir o pretender sobrevivir apartado del presupuesto público. Condición que no distingue de niveles o cotos de poder.
Luego entonces, no debe ser tan difícil comprender cómo y/o por qué es que el actual escenario político de San Luis Potosí se configura como lo hace de cara a la sucesión de 2027. Nos encontramos ante un edil capitalino que, habiendo sorteado la aduana de la reelección, hoy mide sus canicas bajo un esquema de fracturas internas y estructuras partidistas tradicionales en recomposición. Galindo parece estarse encaminando a jugar en una arena hostil, donde sus intereses más importantes se encuentran atravesados por el peso de un gobierno federal de la presidente Claudia Sheinbaum cuya presencia centralizadora no tiene comparación, y que ha comenzado a marcar una línea de recelo directo frente a los cacicazgos y las intenciones de herencias o dinastías familiares en la región.
Al tiempo que ante la fuerza de un gobierno estatal cuyo dominio, bajo las siglas del PVEM, se encuentra en el cenit de su ejercicio, la mayoría de sus cortesanos le hacen pensar al mandatario local que la hegemonía transexenal está garantizada. Pero cuidado, que la misma lógica puede verse aplicada para el gobernador; el tema es que la alianza en el papel con el centro de la República es puramente pragmática y de fachada. La realidad a últimas fechas se ha tornado áspera y ríspida, impulsada por severos recortes en las participaciones federales que asfixian financieramente al estado. Esta tensa calma obliga a la totalidad de los actores políticos locales a actuar con extrema cautela rumbo a las urnas de 2027.
A este complejo tablero es preciso sumar la irrupción de otros actores que enturbian el panorama. Si bien de momento no hay nada seguro, la realidad es que el desfile de nuevos tiradores e interesados en anotarse a la contienda de 2027 es cada vez más nutrido. Ante un escenario de tal naturaleza, tanto el mandatario estatal como el edil capitalino ven peligrar sus intereses e intenciones originales; la aritmética electoral no miente: cuantas más opciones figuren en la boleta, más fragmentada y pulverizada estará la repartición del voto. Lo que es peor, a ninguno de los punteros le alcanzará el capital político para conseguir una diferencia tan nítida y contundente que disipe las dudas del gran público. Se despertará inevitablemente la sospecha de que muchas de esas alternativas no son más que meros nombres de relleno, piezas satelitales diseñadas exclusivamente para generar ruido estratégico y restar competitividad a las fuerzas que genuinamente tienen opciones reales de llegar.
En cualquier caso, es un hecho que el mayor de los peligros para ambos jugadores –tanto para Gallardo en su trinchera estatal como para Galindo en la municipal– es vivir y permanecer engañados al amparo de sus cortesanos, comprándose para sí mismos realidades hechas por encargo. Algo a lo que ambos personajes ya han dado muestras en pasadas ocasiones de ser muy afines. La más importante de las posibilidades en términos de estrategia política habrá de sobrevenir en la medida en que sepan distinguir la paja del trigo entre sus numerosos aduladores, para no verse repetir los mismos errores que periodo tras periodo han cometido sus antecesores.
La política podrá ser el reino de lo aparente, pero quienes en ella juegan están exigidos, sí o sí, a no dejarse envolver en los escabrosos pasadizos de las ilusiones. No sea que una vez que el centro mueva sus hilos decisivos para 2027, los últimos en enterarse de cómo son en realidad las cosas en su propia trinchera sean quienes mejor informados deberían estar.
Glosas del Poder.
• Desde Ciudad de México. El filtro de Palacio. Mientras Sheinbaum consolida su agenda y el Congreso define prioridades, en las oficinas de Morena se cocina el verdadero filtro para 2027. La advertencia central es clara: las encuestas no bastarán para perfiles con pasados cuestionables. El mensaje va con dedicatoria a las regiones donde el Partido Verde, su aliado legislativo, pretende imponer cotos propios. El centro ya fijó las reglas de la moralidad partidista; la duda es a qué cacicazgos locales les alcanzará el margen para negociar sin que la Federación les saque la tarjeta roja.
• Desde el estado. Cuentas alegres y torniquete real. En el Altiplano, el aparato estatal presume récords masivos de asistencia en la Fenapo y presume buenos indicadores de reducción de pobreza laboral. Sin embargo, la euforia discursiva del gobernador Ricardo Gallardo Cardona choca de frente con la realidad presupuestal. De poco sirve el éxito en los boletines cuando las finanzas operan bajo la sutil asfixia de los recortes federales. El "Gallardismo" baila al ritmo de la plaza llena, pero con la mirada fija en una chequera federal que cada vez se abre menos.
• Desde San Luis Potosí capital. Cartas de presentación y fragmentación. En la capital potosina, el alcalde Galindo Ceballos aprovecha un galardón nacional en materia de mejora administrativa como tanque de oxígeno político. En el reino de las percepciones, la medalla le permite presumir orden institucional justo cuando el regreso a clases complica la operatividad diaria de la ciudad. La estrategia es nítida: blindar la gestión como su principal carta de presentación rumbo a sus definiciones de enero, sabiendo que su trinchera se fragmentará ante la llegada de tiradores satelitales.
















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