Cuarto Oscuro: Ganas
- 6 nov 2019
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Ganas
Me besaste y te devolví el beso apasionadamente, metiste tu mano por debajo de mi blusa y mordiste mi labio seguido de un “no sé que tienes que cada vez que te veo, mis ganas se despiertan”. Me reí y seguí enfrascada en el beso, había extrañado esos encuentros en tu coche, aquellas noches desiertas y frías en las que nos brindábamos calor mutuamente.
Nos separamos, “hay que volver” dijiste mirándome fijamente, por un momento lo había creído, “estás loco” te besé, “no, en serio, hay que salir” otros dos besos más, “vamos a intentarlo de nuevo” esta vez nos quedamos viéndonos, asentí, ¿qué más da? Estábamos ebrios, al día siguiente ninguno de los dos lo recordaría.
Volviste a besarme y a ser insistente, pero mi teléfono sonaba, ya era hora de volver a la fiesta. Nos fuimos de aquel lugar y volvimos a ser los mismos, tú con tus amigos y yo con los míos, pero era inevitable, tu mirada se cruzaba con la mía y sonreíamos como tontos.
Abandoné la fiesta con la promesa del mensaje por la mañana, de la continuación de aquella situación calurosa, del “volver a intentarlo”. Pero el mensaje no llegó.
El día se me hizo eterno pensando si tal vez debería ser yo la que te mandara aquel mensaje, pero me negué y me fui a dormir sintiéndome un poco vacía, “que no lo recordaría ¿no?” me dije antes de cerrar los ojos.
El tiempo cura o eso es lo que dicen, pero no borra y los dos años que habían transcurrido, no borraron el calor que recorría mi cuerpo cada vez que posabas tus labios sobre los míos, ni la sensación placentera de tenerte junto a mí.
No dije nada, seguí con mi vida como lo había hecho la primera vez. En algunas ocasiones el recuerdo de tu mano juguetona asalta mi mente y no lo niego, aun sonrío. Creo que después de todo, yo tampoco sé que tienes que cada vez que te veo, mis ganas se despiertan.















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