Vislumbres


LA CACICA ANDA SUELTA. –


Elba Esther está libre otra vez y, pese al hecho de que ya ronda los 73 años, amenaza con volver por sus fueros sindicales, mientras que muchos de sus antiguos esbirros (que le dieron la espalda cuando Enrique Peña Nieto la mandó apresar) andan que tiemblan, y tiemblan porque la conocen…


Quienes, por otra parte han afirmado que Andrés Manuel López Obrador pactó con La Cacica para que ésta “le ayudara a ganar la pasada elección”, desconocen la muy vieja enemistad que había entre ambos, y no saben ponderar el hecho de que si bien algunos profesores “gordillistas” se sumaron a la campaña de El Peje, no fue porque “La Maestra” se los haya ordenado, sino porque, viéndola ellos en prisión y, calculando que el Panal no levantaría el vuelo por haber apoyado al ciudadano Meade, decidieron inclinarse por la opción electoral que a ellos le pareció mejor. Y nada tuvo que ver, tampoco, el hecho de que a ella la liberaran casi en el mismo momento en que a AMLO le entregaron su constancia de mayoría como presidente constitucional electo.


Pero ¿qué significa o implica que La Cacica ande de nuevo suelta? Bueno, pues ése es el tema que trataremos de dilucidar hoy, pero vayamos por partes y tratemos de entender el fondo de la cuestión:


BREVES COMENTARIOS SOBRE EL ORIGEN DEL SNTE Y LOS “SINDICATOS CHARROS”. –


Los más grandes sindicatos nacionales nacieron, en su mayoría, durante el mandato presidencial de don Lázaro Cárdenas y tenían, como los sindicatos rusos en su origen también, una muy marcada inclinación hacia las doctrinas marxistas que abogaban por la defensa y la organización de “las clases trabajadoras”, a las que Marx reunía, filosóficamente hablando, en una sola denominación: “el proletariado”. Definiendo como tal a quienes únicamente poseían para vivir “su fuerza de trabajo”, y que, por lo regular, casi sin excepciones, “eran explotados por los patrones capitalistas, acaparadores del poder político y económico”, etc.


Dentro de esa misma época y tenor apareció el sindicato que anticipó el surgimiento del SNTE, pero que, una vez transcurrido el sexenio del general michoacano, se empezó a pervertir, como lo hicieron todos los demás grandes gremios, entre los que tendríamos que mencionar la CTM, la CROM, la CROC y la CNC. Organismos que por intereses político-económico se fueron olvidando de origen socialista y adoptaron un tufo que nada tenía de revolucionario y sí mucho de institucional, castrando a los trabajadores. Dando pie para que, andando el tiempo, algunos otros sindicatos más pensantes, como el de la UNAM, la CFE y El Poli (Instituto Politécnico Nacional), comenzaran a pronunciar voces críticas en contra de los líderes sempiternos de los grandes gremios oficialistas, a los que burlonamente denominaban “líderes charros”, tal vez porque lo único que realmente les interesaba no era la defensa de los intereses de sus agremiados, sino “cabalgar sobre caballo de hacienda”, enriqueciéndose cada vez más con el manejo de los ingentes recursos que cada quincena recibían por el cobro “de cuotas voluntarias”, que les aportaban todos sus “compañeros sindicalizados”.


JONGITUD ATACÁ, ECHEVERRÍA SE HACE DISIMULADO. -


En ese contexto, y manejado tras bambalinas por el colimense Jesús Robles Martínez, el SNTE jugo un fuerte papel como “pilar del sistema”, durante buena parte de los 50as y los 60as, pero como empezó a impedir que otros jóvenes ambiciosos entraran también al reparto de las jugosas rebanadas del pastel (que luego se traducían en candidaturas a senadores, diputados federales, alcaldías, diputaciones locales y otros cargos públicos, siempre por parte del PRI), al iniciar la década siguiente ya estaba conformándose un fuerte grupo opositor al roblesmartinismo. Grupo que, el 22 de septiembre de 1972, encabezado por el profesor potosino Carlos Jongitud Barrios, tuvo el atrevimiento de arrebatar incluso a golpes a sus antiguos dirigentes las instalaciones del SNTE en el De Efe.


Luis Echeverría, presidente de la república en ese tiempo, se hizo el disimulado respecto a los medios de que se valió Carlos Jongitud para tomar el SNTE, y eso envalentonó al nuevo líder sindical, quien denominó a su acción como un “movimiento de Vanguardia Revolucionaria”, y así se le conoció en lo sucesivo.


APOGEO DEL SNTE Y ASCENSO DE ELBA ESTHER GORDILLO. –


En esa década el Movimiento Vanguardista alcanzó sus más altas metas de poder y control sindicales, pero siempre en desdoro de la mayor parte de sus agremiados, premiando a los lambiscones, promoviendo a las queridas y a los compadres, vendiendo plazas, o regalándoselas a las maestras a cambio de favores sexuales y cosas por el estilo. Provocando que, por una parte, surgieran otros ambiciosos dentro del mismo sistema, y se levantaran, por otra, algunos rebeldes que no congeniaban con él.


En la primera facción, la profesora chiapaneca Elba Esther Gordillo, pupila del máximo cacique magisterial, se convirtió en la Secretaria General de la Sección XXXVI, una de las más grandes de todo el país, que abarcaba un gran número de maestros del Estado de México. Mientras que, en la segunda vertiente, los dirigentes del MRM (Movimiento Revolucionario del Magisterio, que aglutinaba a los profesores más izquierdistas de todo aquel gigantesco gremio), convocaron a los líderes de las secciones y los sindicatos locales del De Efe y alrededores (UNAM, Poli, etc.) para buscar el modo de unirse y confrontar la que se había convertido en una verdadera dictadura sindical, y así fue cómo, entre 1979 y 1980, se configuró la CNTE, que desde un principio fue apaleada por el sindicato y el régimen, siendo aquellos los tiempos del presidente José López Portillo.


Jongitud se burlaba, sin embargo, de todos sus opositores, pues era tan poderoso que, en 1979, habiendo obtenido la candidatura para gobernar su estado natal, realizó su campaña movilizando a todo un ejército magisterial, ganando la elección mediante los acostumbrados fraudes y triquiñuelas que solían usar los candidatos del tricolor, dejando como encargado del SNTE a un pelele que manipulaba desde San Luis.


En aquellos años, los esbirros de Jongitud pululaban en todas las secciones sindicales, y exigían de los maestros un sometimiento pleno a su dictamen: boca cerrada, actitud servil, total aquiescencia, cero críticas y una lealtad a su líder y al partido, que los llevaba muchas veces hasta la ignominia.


Y, así, por más que nos pudiera parecer increíble que algunos maestros que hoy, ya viejos y jubilados tienen la fama de ser muy honorables, ayer se comportaron de esa manera, hubo muchísimos (lo digo con pena) que por comodidad o necesidad guardaron silencio, no protestaron y siguieron a pie juntillas las instrucciones del malévolo cacique de San Luis Potosí, reverenciado por sus seguidores como semidiós. Como igual lo hacían los petroleros que reverenciaban a “La Quina” (Joaquín Hernández Galicia), y los cetemistas que casi besaban el suelo por donde iba pisando el vetustísimo Fidel Velázquez.


LA DEBACLE DE JONGITUD Y LA CORONACIÓN DE GORDILLO. –


Jongitud terminó su sexenio en San Luis con muy numerosos pendientes en su haber, pero siguió controlando al SNTE con el mayor entusiasmo. Sólo que para entonces, debido al muy mal gobierno que había realizado nuestro paisano Miguel de la Madrid en nuestro país, a que vivíamos en una permanente crisis económica y estábamos metidos en una pavorosa “espiral inflacionaria”, los salarios magisteriales se desplomaron y la CNTE, por consecuencia, aprovechó la inconformidad, convenció a muchos a inconformarse y creció como nunca, trascendiendo los límites del De Efe y del Estado de México, y abarcando vastos espacios magisteriales de Chiapas, Oaxaca, Morelos, Guerrero y Michoacán, que no sólo se volcaron a favor de la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, sino que gritaron “¡Fraude!” “¡Salinas el usurpador!”, y desde enero de 1989 comenzaron a realizar gigantescas movilizaciones, reclamando aumento de salarios, la democratización del SNTE y la caída de Carlos Jongitud.


Aquellas grandísimas marchas y aquellos gigantescos plantones molestaban enormemente a Carlos Salinas porque lo exhibían ante el mundo y, valiéndole grillo la cacareada independencia sindical, decidió cortar la cabeza de Jongitud, y poner en su lugar a una de sus alumnas más avanzadas: Elba Esther Gordillo, quien ya tenía mucha experiencia en esas lides y ya había sido diputada federal por el partido tricolor. Negándole a los jongitudistas su derecho al pataleo.


Elba Esther recibió la consigna de mantener a raya al magisterio y, astuta como había sido, no dudó en cambiar de rostro y, de la noche a la mañana, la vimos asumiendo poses de “mujer por la democracia”. Sólo que una buena parte del gremio entendió que aquella pose era tan falsa como un collar de perlas “made in China” y comenzó a dudar de ella.


Pero el antiguo sistema premiaba a quienes le eran útiles, y “La Maestra” volvió a ser diputada federal, senadora y secretaria general del tricolor, cuando Roberto Madrazo era el presidente del partido y aspiraba a ser el candidato oficial para “la grande”.


DE SU RESIDENCIA EN SAN DIEGO A LA SUITE DE LA PENAL. -


A Elba Esther le interesaba encabezar al PRI, pero sus enemigos internos se interpusieron y ella se atragantó al presentar su renuncia, pero de ningún modo se conformó y, creyendo ser más poderosa de lo que realmente era, se terminó confrontando contra la nomenclatura de su partido y su candidato, aliándose “en lo oscurito” con el candidato presidencial panista, Felipe Calderón Hinojosa, con tal de impedir que el tramposísimo tabasqueño ganara la presidencia de la república. Dedicándose poco tiempo después a constituir su propio partido: El Panal, para tratar de hacer con él todo lo que quisiera.


Su último gran pecado fue el de externar un muy sonoro “no” contra la Reforma Educativa que Enrique Peña Nieto estaba tratando de impulsar como presidente recién estrenado y, bueno, eso ya rayaba en los niveles de lo intolerable para un mandatario que se jactaba de haber contado con un gran apoyo popular. Por lo que ordenó al procurador y sus empleados: “Acúsenla de cualquier cosa y quítenla de mi camino, para que aprenda a no meterse conmigo”. Y, así, tres meses después de que EPN había asumido el cargo, ella, ostentosa, fue bajada de un jet ejecutivo que la trajo desde su residencia en San Diego, California, para trasladarla, en una simple (y humillante) patrulla policiaca, a una suite del Reclusorio Femenil de Tepepan.


Ni EPN ni sus chalanes querían desmantelar al SNTE, sino dominar la víbora que se les resistía a su encanto y, así, sin batallar más que eso, inmediatamente y “por la buena”, convencieron a los demás integrantes del Comité Ejecutivo Nacional, que se recorrieran en el escalafón para que Juan Díaz de la Torre, asumiera sin mayor trámite el cargo que había desempeñado “La Maestra” y, pues, como ella, al parecer “ella se lo merecía”, sin ningún rubor acataron la instrucción presidencial y… se recorrieron. Pero hoy temen, sudan, casi se orinan en sus calzones, pues La Cacica anda suelta, y acaba de anunciar que el próximo lunes 20 dará su primera declaración de prensa como ex presa política.


LIBRE OTRA VEZ Y ¿GANOSA? -


A “La Maestra” se le acusó de haber realizado gastos millonarios, tanto en México y en los Estados Unidos, con recursos que según la PGR eran de “de procedencia ilícita”, y por el mismo motivo encarcelaron también a dos de sus empleados cercanos, pero sorprendentemente no acusaron de complicidad a ninguno de los demás integrantes del CEN del SNTE, como si todos ellos estuvieran libres de culpas del manejo que ella y sus dos empleados hacían de aquellos presuntos trafiques.


Han pasado ya más de cinco años del prendimiento de “La Maestra”, pero lo más notable de todo este enjuague evidentemente político-judicial, es que nunca se le pudo comprobar que, aun cuando haya ella gastado millones de dólares (¡sí, de dólares!) en joyas, ropa, vehículos, viajes, casas y edificios, esos recursos fueran de procedencia ilícita (como los del narcotráfico, por ejemplo), sino, simplemente, dinero del que le tocaba a ella agarrar en el reparto de las cuotas de sus agremiados a los que, ¡nunca (y ése sí es un hecho), se dignó a rendir cuentas! Insignificancia ilegal que para el gobierno no es causa de preocupación alguna, ni motivo para ponerse a investigar. Siendo ésa (y no otra) la causa por la que el sucesor de La Gordillo, que hoy tiembla, tampoco ha rendido a sus agremiados cuenta alguna, no obstante ser ya millonario también. ¿O no?



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