Vislumbres


LA TAREA. –


Las oficinas electorales han entregado sus constancias de mayoría tanto a los 16 diputados locales que deberán representarnos ante el Poder Ejecutivo, como a los diez alcaldes que deberán gobernar durante los próximos tres años. Y lo mismo se ha hecho respecto a las diputaciones federales y las senadurías. Pero faltan aún de entregar las constancias de los diputados plurinominales. Mismas que están siendo peleadas con interpretaciones de una ley que cada cual quiere inclinar a su favor, aprovechándose de que en algunos puntos no es suficientemente clara o precisa.


En ese sentido se sabe que todos los nuevos partiditos de ahora (incluyendo los que fueron grandes ayer) andan molonqueándose por esas posiciones plurinominales, como los perros de rancho se pelean por el sope que les arrojan para comer. Y no deja de dar pena verlos pelear para quedarse con las migajas que caen de la mesa electoral.


Pero aprovechando la coyuntura, vale la pena refrescar el dato de que la entrega de diputaciones plurinominales hace mucho perdió su razón de ser, y que los diputados que así resultan, al no ser elegidos por los ciudadanos, sólo representan cuotas de poder de los partidos que los nominaron como candidatos. Motivo por el que miles de ciudadanos hemos estado insistiendo en que deberían desaparecer de la escena política, porque aparte de la ineficiencia de muchos, nos salen muy caros a quienes pagamos los impuestos con los que ellos construyen sus dietas y demás privilegios.


Derivado de lo anterior podríamos llegar a la conclusión de que una de las tareas que deberán realizar los diputados integrantes de la próxima legislatura estatal, será la de revisar a fondo la idea de que desaparezcan los diputados plurinominales en Colima, y otra, complementaria, que se realice una nueva distritación en la que cuando mucho queden 17 diputados, todos electos por mayoría.


En esa línea de acciones, Vladimir Parra y algún otro diputado electo del bando morenista han declarado que están firmes en el propósito de que todos ellos habrán de “cobrar la mitad o menos” de lo que hoy cobran los diputados en funciones. Todo ello para ayudarle a Andrés Manuel a cumplir con sus promesas de campaña. Propósito que, si se cumple, con muchísimo gusto les vamos a aplaudir, pero que, si no se concreta, les vamos a reclamar en sus caras.


LOS NUEVOS Y LOS NO TAN NUEVOS. –


En cuanto a los alcaldes toca, no podemos decir que los diez son nuevos, porque Rafael Mendoza fue reelecto en Cuauhtémoc, y porque Leoncio Morán y Felipe Cruz repetirán en Colima y Villa de Álvarez. Pero como quiera que así sea, todos ellos iniciarán sus respectivos trienios bajo circunstancias políticas totalmente inéditas, enfrentando a un gobierno estatal carente de fuerza, y que casi estará maniatado, no sólo porque ya no habrá un presidente de la república del que el gobernador se diga su amigo, sino porque no contará con ningún delegado federal a su favor; porque no tendrá un solo legislador federal sacado de entre sus correligionarios, y porque estará obligado a contemporizar con un Congreso local casi totalmente contrario.


Aparte de lo anterior, y exceptuando las cabeceras municipales de Minatitlán y Coquimatlán, donde todavía quedaron alcaldes tricolores, las otras ocho alcaldías se gobernarán con cabildos donde los otrora dominantes priístas serán tan poquitos como una especie en peligro de extinción.


Siendo ésta otra novedad indudable, pero de la que no sabemos cómo derivará, puesto que, si ya en otras ocasiones se ha querido dar al PRI por muerto, luego resulta que, como dice una canción popular, “no estaba muerto, andaba de parranda”.


ENDEREZAR LAS CRÍTICAS. –


Todos los lectores que ya sean algo mayorcitos de edad, recordarán muy bien que hace no demasiados años el PRI era una especie de aplanadora electoral que, a las buenas o a las malas, dejaba planchados en el suelo a todos sus contrincantes; pero que, por lo mismo, al haberse convertido en un partido de estado, era el pararrayos de todas las críticas y el culpable de todos los males.


Hoy se ha invertido la polaridad y Morena se está peligrosamente convirtiendo en una especie de “partido único”. Esperamos, sin embargo, que las nuevas dirigencias estatales, y la nacional, que seguramente se habrán de integrar en los próximos meses, sepan resistir la tentación de convertir al movimiento en un nuevo partido oficial, porque si caen en esa tentación empezarán a escribir su propio epitafio y se convertirán, de entrada, en el nuevo pararrayos de todas las críticas.


¿QUÉ VA A PASAR? –


Esa es la pregunta que muchos empleados del gobierno federal y sus familias traen ahorita en sus cabezas. Y la formulan porque se anunció la descentralización casi total de dicho gobierno, que iniciará con el aviso para todos ellos de que la Secretaría a la que están desde hace años adscritos, se trasladará con todo y tiliches a una capital estatal.


Supongamos que los cambios de adscripción vayan a ser graduales y se realicen “a lo largo” del sexenio que viene, como lo acaba de dar a entender Esteban Barragán Moctezuma, próximo secretario de Educación, quien ya anunció que comenzará a despachar en Puebla desde el 1° de diciembre. Pero si así fuera ¿cómo le harán, por ejemplo, tan sólo para reubicar a los miles de oficinistas que la SEP tiene en la Ciudad de México?


Cabe, por supuesto, que a los empleados se les diga: “Señores, si no quieren cambiarse a Puebla (Guadalajara, Cancún, Tijuana, Colima, etc.) les queda la posibilidad de renunciar a sus respectivos puestos”. Pero ¿renunciarán o se ampararán? He ahí un par de grandes interrogantes que, si se resuelven, se resolverán caso por caso.


OTRA PREGUNTA SIMILAR. –


Y si la pregunta anterior se la están haciendo los empleados federales que viven en la ciudad de México, otra muy similar se están haciendo varios miles de trabajadores más (sobre todo los llamados “de base”) que actualmente laboran en todas las numerosísimas delegaciones que el gobierno federal tiene distribuidas en todo el país. Dado que el presidente electo acaba de declarar que desaparecerán las delegaciones federales tal como las hemos conocido hasta hoy, y que en su lugar aparecerán las Coordinaciones Estatales para [los] Programas de Desarrollo.


Si no recuerdo mal, el gobierno de Enrique Peña Nieto se conformó con alrededor de 18 Secretarías de Estado, y aun cuando realmente ignoro si todas ellas tienen una representación en cada entidad de la república (porque no me imagino a la Secretaría de Marina teniendo una delegación en Chihuahua, Durango o Zacatecas), de lo que sí podemos estar razonablemente seguros es que en cada una de las capitales estatales (donde se practica otro tipo de centralismo gubernamental en desdoro de las municipalidades) hay cuando menos una delegación de la Secretarías de Hacienda y Crédito Público de México, de la Función Pública, de la Defensa Nacional, de Gobernación, de Relaciones Exteriores, de Desarrollo Económico, de Desarrollo Rural, de Desarrollo Social, de Desarrollo Urbano y Vivienda, de Educación, de Finanzas, de Justicia, del Medio Ambiente, de Trabajo y Fomento al Empleo, de Transporte y Vialidad, de Turismo y de Comunicaciones y Transportes cuando menos. ¿Qué va a pasar con todos los trabajadores de base que hay en todas ellas?


Admito y critico el hecho de que todas las nóminas de los tres niveles de gobierno, y de casi todas las oficinas que dependen de ellos estén completamente hinchadas. Pero sé también, como lo saben muchísimos lectores, que cuando los líderes sindicales comienzan a ver que sus “conquistas laborales” peligran de algún modo, pegan primero de gritos y luego son capaces de ir a la huelga y paralizar los gobiernos.


Dato por el que deduzco que aun cuando AMLO quiera adelgazar todas esas nóminas para que su gobierno sea viable y se logre “la cuarta transformación nacional” de la que habla, se habrá de enfrentar a los líderes del más añejo y corrupto sindicalismo, prohijado, recuérdese, por el PRI cuando éste era un partido totalitario.


REPOSO Y MEDITACIÓN. –


Supimos el lunes que, sin guaruras ni acompañantes por el estilo, el presidente electo abordó un avión comercial para irse a Villahermosa, y que, desde ahí, por tierra, se iría a pasar cuatro días en La Chingada (su rancho) para descansar y reflexionar en lo que le espera durante los próximos seis años. Hace bien en detenerse un poco Andrés Manuel, porque desde el día tres para acá andaba como desatado, queriendo marcar la pauta de un gobierno al que le faltan más de cuatro meses para iniciar.


Cuatro días, sin embargo, no creo que le alcancen para recuperarse del cansancio mental y físico que por un lado le provocó la intensa campaña que realizó, y por otro le provocó también el enorme trajín a que se enfrentó en cuanto supo que había triunfado. Pero “algo es algo”. Ojalá que cuando menos descubra que se aceleró, y que, como un muy novel jugador de póker, enseñó muy pronto sus cartas. Algunas de las cuales debió de haberse reservado para mostrar más cerca del 1° de diciembre.


EL NUEVO PAPEL. –


Dentro de estas nuevas condiciones sociopolíticas, el gobernador colimote, José Ignacio Peralta Sánchez, ya salió a declarar en el sentido de que está listo para dialogar con los 16 paisanos (ninguno de su partido) que resultaron electos como diputados locales de mayoría. Y para esto, a través de una entrevista mediática, les propuso que ese diálogo inicial podría ser “aquí en Casa de Gobierno o en un terreno neutral (sic), para establecer agendas legislativas, mecanismos de trabajo, mecanismos para resolver diferencias, ritmos de trabajo también, etc.”. Ofreciéndoles “una mano amiga. Todos los elementos posibles de diálogo para lograr acuerdos [y] entendimiento”.


Disposición que mal o bien debe tener, pues no le queda ninguna otra opción para continuar con alguna posibilidad de éxito los tres años que restan a su sexenio.


Se necesita por parte de él una buena dosis de realismo, y una humildad que no tiene (o que al menos no ha mostrado aún), porque con todo y que sea el primer mandatario de la entidad, habrá de enfrentarse en lo sucesivo con representantes populares que, por los antecedentes de todos conocidos, no sienten una gran simpatía por él ni su partido.


Pero es de esperar que los diputados electos le tomen la palabra y se preparen para que el diálogo del que se habla sea un diálogo de altura, y no vayan, como ya se los advirtió AMLO “a salir con sus tonterías”, como la de tratar de ningunear o humillar al individuo que, sea como sea, también fue electo hace tres años para gobernarnos.

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