Resoluciona


La Maestría


Cuando un hijo va a la escuela el padre y la madre se imaginan que su hijo estudia “para ser una persona de provecho”, “para salir adelante” lo que equivale a ganar más dinero”. No está mal esa aspiración, solo que es chata y carece de la maestría por lo que la educación deja de lado el aprendizaje para ordenarse uno mismo ante el conflicto y la adversidad que se reflejan en la sociedad.


La educación como línea general te prepara para una especialidad, una parcialidad, una tarea dejando omiso el aprendizaje de cómo uno se apropia de la vida y así uno conforma su existencia.



Educarse en Maestría


Hablamos de honestidad, disciplina, serenidad, amor, comprensión, calidez, cortesía, amabilidad, entereza, justicia pero son más una idealización avalada por el intelectualismo que una expresión humana porque no alimentamos este tipo de comportamientos, solo hacemos ensoñaciones.


La educación tanto formal como informal ha renunciado a la Maestría porque se ocupa de ordenar hacia afuera dando por sentado que uno es coherente consigo mismo. ¡Allí está la falta!


La falta se traduce en querer hacer lo correcto y provechoso hacia afuera evadiendo atender nuestra propia incorreción, falta, incoherencia, complejo de identidad, desorden en nuestro rasgo psicológico, exacerbación de habituarnos a estar y responder en alto grado de ansiedad al grado de verlo como respuesta normal y muy humana, cuando es un hábito fomentado culturalmente por aceptar el estar viviendo como “la gente normal y los guías sociales junto con vacas sagradas” nos dicen que tenemos que vivir así, creer así.


A la educación de uno como alumno le falta integrarle la educación como maestro. Si la ética no es la base de la producción social, entonces cualquier sistema tiende pronto a carcomerse. Y a la ética que me refiero no es la práctica social de la moral existente donde la justicia es venganza y el perdón es un acto de soberbia y menosprecio. Donde somos altamente reactivos y ante el claxon recordatorio de la madre uno se enchila y para el tráfico retando a quien pitó, luego renegamos de la corrupción y cuando uno está en una posición de poder hace uno lo mismo.


La maestría en el sentido de asumirse uno Maestro de su propia vida, es buscar la impecabilidad como virtud para garantizar que nuestra producción social, nuestras acciones, pactos, relaciones, concreciones estén a la altura de uno como persona digna de sí misma. Y esto no es el mero deseo o como dicen “la educación se mama”…se mama en un comienzo luego uno requiere hacer el viaje interior, mirar así mismo para percibir todo aquello que desde el otro y lo otro nos estamos encarcelando, maniatando en una forma en que nos han condicionado pero ahora requerimos para dejar de ser infantiles, criticar en uno mismo para ir puliendo nuestro sentido de vida, de justicia, de éxito, de convivencialidad. Al grado de que el otro es solo reflejo de mi manera de percibir; “por algo en el otro veo tales cosas que otro semejante más no ve igual que yo”.


De aquí que la pregunta inicial para entrar a la propia maestría y que sería bueno hacerlo tema de una auténtica reforma educativa sería “¿Desde dónde veo lo que veo?”


Lo que llamamos maestría como grado académico, no resulta ser una maestría sino una especialización master sobre un tópico específico. Y el que obtiene la maestría sigue habituado a su incoherencia, le pega a su conyugue, no atiende a sus hijos, se irrita fácilmente y a su carácter desordenado le oculta la falta llamándole carácter fuerte y cosas de ese tipo.


Es importante que cada vez que pretendamos enseñar algo a alguien hay que sostener en lo que enseñemos el compromiso por el que uno como persona se coloque en su propia crisis emocional y de sentido para poder empezar a aprender a ser uno coherente con uno mismo para así poder infiltrar en cualquier sistema social esta coherencia personal para que lo que estemos co-creando si contenga serenidad, certeza, alegría, posibilidades de abundancia, progreso, de bienestar siempre desde el bien ser.


Meditar, comprender y manejar nuestra reactividad emocional para ir entendiendo como uno se está asumiendo. Es importante colocar en tela de juicio todo lo que hemos aprendido para a partir de nuestra inteligencia y desocultamiento de nuestra falta dejar de ser infantiles reorganizando nuestro criterio ético-emocional aprendiendo a habituarnos a expresiones de bienestar y bien ser.

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