Mi mochila viajera


La emoción de ir a Disneylandia por primera vez


Hoy tengo una pregunta para ti, querido lector: ¿Alguna vez has ido a Disneylandia? Si la respuesta es NO, entonces agregaría una más: ¿De niño tuviste la ilusión de conocer a tus personajes favoritos y de vivir esa experiencia? Aquí estoy casi segura de que tienes un rotundo ¡SÍ!


Pues ante esto solo te podría decir: No importa la edad que ahora tengas, ¡haz tu sueño realidad! Porque quizá mucha gente ha olvidado esas emociones primarias que nos movían durante la infancia, pero únicamente están dormidas en el inconsciente. Te aseguro que tu “yo” interno siempre querrá cumplir ese pendiente viajero que se quedó encerrado cuando te convertiste en adulto.


La emoción de ir a Disneylandia por primera vez es indescriptible. Yo tuve oportunidad de pisar el denominado por muchos como “el lugar más feliz del mundo” cuando ya arañaba los 30 años, y no recuerdo haberme sentido tan contenta, alegre, animada y ajena al mundo exterior como ese día, ¡fue increíble, volví a ser niña!


Hace más de 50 años, una persona llamada Walt Disney ideó un sitio en el que los niños pudieran cansarse de correr, sonreír y subirse a emocionantes juegos y experimentar la diversión interminable. Lo que tal vez no imaginó es que sería un lugar inspirador para gente de todo el orbe y de cualquier edad.


Desde que entras es impresionante ver gente disfrazada, una banda tocando frente a la cara de Mickey Mouse hecha con césped. Más adelante, te topas con tiendas y más tiendas de souvenirs y comida, ¡no sabrás ni para donde voltear!


Pero el momento cumbre llega cuando de repente tus ojos hacen contacto con el castillo de la Bella Durmiente (en cada parque Disney del mundo es un castillo diferente, pero el de Anaheim es el original) y entonces olvidas cualquier problema y lo único que deseas con desenfreno es una foto para tu álbum de recuerdos. Y además, recordarás cuando eras niño, cuando nada te preocupaba y solo vivías para ser feliz y comer (que son sinónimos, jaja).


Te aseguro que cada segundo que pasas en Disneylandia es éxtasis puro; y no solo por ver a personajes como Mickey Mouse, Pluto o las Princesas de todas las películas que marcaron tu niñez y la mía; sino por el hecho de que podrás tachar un punto de tu lista de “cosas que hacer antes de morir”, y ¿sabes algo? Eso es lo más satisfactorio que puede existir: realizar una meta personal, algo que realmente nos hace sentir vivos y listos para regresar a la rutina y soportar el acontecer diario.


Porque al final, no importa que trabajes mucho, que lidies con el tráfico o que la vida se te vaya en otras ocupaciones. Al ver tus fotos y recordar el sentimiento que te proporcionó ir a Disneylandia te dará la energía y combustible suficientes para continuar y planear tu siguiente destino.


Siento que es mi deber incentivar a las personas a viajar. Por eso estoy aquí en este momento, escribiendo unos párrafos, tratando de que al terminarlos de leer te inspiren y le den un sentido de libertad a tu espíritu, pero también de acción.


Esta vez hablé de Disneylandia, un destino que muchos atesoran en su corazón o en sus ganas de explorar el mundo. Pero lo único que puedo decir es: ¡ahorra, busca, escápate, conoce! Porque vida solo hay una y no estamos para dejar en el tintero nuestros sueños. Y nadie nadie puede hacerlos realidad por nosotros. Solo tú mismo tienes ese poder. Ejercelo cuanto antes.

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