top of page

Ágora: Nacionalismo vs Geopolítica. Una relación tensa, pero inevitable

  • hace 6 días
  • 4 Min. de lectura

Nacionalismo vs Geopolítica. Una relación tensa, pero inevitable.

 

Por: Mtro. Emanuel del Toro.

 

La política exterior de los Estados Unidos, se conduce hoy con un dramatismo que prefigura un cambio sustancial en sus referentes tradicionales para con América Latina. La histórica tolerancia que la primera potencia mundial había venido mostrando en los últimos veinte años, hacia los regímenes del llamado, "Socialismo del Siglo XXI", dentro de su área de influencia, parece haber llegado a su fin. Esta nueva inercia rompe con el sistema de pesos y contrapesos geopolíticos que la región heredó directamente de la Guerra Fría, y que hoy se desmorona, lenta pero inexorablemente. Si bien la política internacional ha tomado un cariz belicista, por el interés de Washington en recuperar su protagonismo regional, el triunfo más profundo de su intervencionismo no es militar, ni siquiera el económico. Su mayor victoria es cultural, pues recala en una narrativa que históricamente ha seducido a la región: la de la resistencia heroica frente al imperialismo.

 

Esta épica de David contra Goliat, ha servido paradójicamente, para mantener el control simbólico de nuestras sociedades. La imposición de una narrativa que presenta nuestra historia, como una sucesión ininterrumpida de sometimientos, tiene justificaciones materiales palpables, ni hablar. Pero en el fondo, solo ha servido para instalar un nacionalismo superfluo y/o sumamente infantil, porque apela a la más pura emocionalidad. Este discurso ha resultado sumamente útil para las élites nacionales, que pese a su retórica antiimperialista, en la práctica terminan defendiendo los intereses de Washington, con más celo que los de sus propios pueblos, perpetuando una dependencia disfrazada de dignidad.

 

Esa visión distorsionada, sembrada deliberadamente en el continente para forzar un maniqueísmo de bandos, –cual si se creyera que dividirnos entre contrarios irreconciliables, fuera la manera más eficiente para interpretar el mundo–, ha replicado históricamente, un discurso nacionalista, lleno de claroscuros y/o contradicciones. Que lejos de fortalecer la soberanía y/o la autonomía del Estado mexicano, han terminado consolidando nuestra subordinación estructural ante los Estados Unidos. La claridad de esta dependencia no podría ser más evidente como problemática, que en la coyuntura política y económica actual.

 

Piénsese por ejemplo en la discusión sobre el llamado “Plan B”, para la reforma política. Un plan que al menos en teoría, busca redefinir la vida institucional y/o los gastos de los congresos locales, se presenta formalmente como un ejercicio de autonomía. Sin embargo, es difícil ignorar que, se apruebe lo que se apruebe, cualquier reforma de fondo, está condicionada por la necesidad de mantener la complacencia del vecino del norte. Otro tanto ocurre con la revisión del T-MEC: nuestra política comercial sigue atada a Washington, y cualquier intento de diversificación estratégica, termina por chocar con la presión por preservar la estabilidad fronteriza.

 

Esta dependencia estructural se manifiesta con crudeza en el ámbito económico. Mientras la paz global pende de un hilo por tensiones geopolíticas en escalada, el peso mexicano se cotiza en función de factores externos. La estabilidad de nuestra moneda sigue anclada a las decisiones de la Reserva Federal y a los conflictos en Medio Oriente. Al final del día, nuestra soberanía económica es más un recurso retórico para el consumo interno, que una realidad efectiva en los grandes mercados internacionales.

 

En ese sentido, es vital no llamarnos a engaño. La gran realidad, no guste o no, es que la dominación estadounidense no se limita a lo material, sino que ha penetrado con tal fuerza en la construcción de nuestra identidad nacional, que la ha terminado modelando con suma fuerza. Una inercia por demás perniciosa, cuyo rasgo más definitorio, ha significado terminar debilitando el reconocimiento de nuestra herencia hispánica, para reducir la exaltación indígena a un recurso de "correctísmo político"; los debates sobre el reconocimiento constitucional de los pueblos originarios, son prueba de ello: abundan los discursos oficiales, ni hablar. Sin embargo, para infortunio de nuestros pueblos originarios, escasean las transformaciones reales en las condiciones de vida de dichas comunidades.

 

Incluso la narrativa de seguridad pública actual, se construye –como es que siempre fue–, con un ojo puesto en la aprobación exterior. Los operativos de pacificación y el descenso de homicidios en zonas turísticas como Cancún se presentan como logros domésticos, pero su fin último es proyectar confianza hacia los inversionistas extranjeros. A pesar del discurso nacionalista infantil que bordea la ingenuidad ideológica, la política nacional sigue definiéndose en función de intereses ajenos y de la necesidad de tranquilizar al vecino.

 

La estrategia de Washington ha sido constante, pero también por demás conocida: dividir para dominar. Al fomentar nacionalismos chovinistas y discursos incendiarios, ha conseguido mantener a la región aislada de otras potencias y perpetuar su hegemonía. La historia la escriben los vencedores, y en este continente el vencedor ha sido siempre el vecino incómodo. Su capacidad para alimentar el divisionismo entre las élites locales, asegura que cualquier intento de integración regional fracase antes de consolidarse.

 

Para romper este círculo vicioso, debemos reconciliarnos con nuestro pasado sin caer en mitologías simplistas de héroes y villanos. Solo a través de una identidad nacional sólida podremos sostener una estrategia de diversificación económica y política que nos vincule genuinamente con el mundo y con América Latina. El reto actual es trascender el discurso vacío y asumir con responsabilidad nuestro lugar en el orbe, para que el futuro no sea dictado por la hegemonía externa.

 

En ese sentido, me parece que si bien la presencia de los Estados Unidos en la región, resulta inamovible, su peso puede ser contrarrestado si diversificamos nuestra integración estratégica con el resto del planeta. Hasta ahora, esto solo se ha logrado a cuentagotas, y esos breves periodos de equilibrio suelen sucumbir ante estallidos violentos o presiones del norte. La coyuntura actual nos advierte que, mientras no maduremos nuestros referentes políticos, seguiremos atrapados en una retórica de soberanía que no se traduce en poder real.

 

Es momento de abrir los ojos y trascender las retóricas ramplonas que tanto han seducido a nuestras élites. Solo reconciliándonos con nuestra historia y diversificando de manera real nuestra integración económica podremos tomar nuestro destino en nuestras manos. El futuro exige que dejemos de mirar a Estados Unidos como el referente inevitable y que aprendamos a construir soberanía desde nuestras propias decisiones y desde la verdad de nuestra trayectoria histórica.

 

Comentarios


Aviso Oportuno

Cuartos en Renta, Villa de Álvarez

Cuartos en Renta, Villa de Álvarez

Casa en venta, Villa de Álvarez

Casa en venta, Villa de Álvarez

Residencia en venta, Villa de Álvare

Residencia en venta, Villa de Álvare

Se vende Hyundai, Verna 2005

Se vende Hyundai, Verna 2005

Chevrolet Prisma 2016

Chevrolet Prisma 2016

Sentra 2005, Manzanillo

Sentra 2005, Manzanillo

Toyota Cambri 2016

Toyota Cambri 2016

Cambio por Tsuru, Colima

Cambio por Tsuru, Colima

1/18
WhatsApp Image 2024-11-05 at 11.01.29 AM (2).jpeg
organon_Mesa de trabajo 1.jpg
CONVOCA GENERAL LA LEALTAD 243 X 400.jpg
WhatsApp Image 2025-06-06 at 10.51.36 AM.jpeg
Cirugía de párpados

Periodistas comprometidos con la verdad

Quiénes somos

Contacto

Anúnciate

Aviso legal

Aviso de privacidad

Derechos Reservados © La Lealtad 2026

  • Grey Facebook Icon
  • Grey Twitter Icon
  • Grey YouTube Icon
bottom of page