Ágora: El fiel de la balanza y el espejismo de la continuidad
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El fiel de la balanza y el espejismo de la continuidad
Por: Mtro. Emanuel del Toro.
"El primer deber de un gobierno es mantener el orden y la ley; si no lo hace, el pueblo dejará de respetarlo." — Edmund Burke
La política mexicana, tan dada a los ritos de paso y a las sombras que proyecta el pasado sobre el presente, atraviesa hoy una de esas zonas de penumbra donde la investidura presidencial se juega más que su popularidad: se juega su esencia. La presidencia de Claudia Sheinbaum ha sido leída, quizá con excesiva premura, como un ejercicio de continuidad lineal, una calca de un proyecto que la antecede. Sin embargo, en los pasillos donde se mastica el poder real, ha comenzado a despejarse una incógnita que no admitía postergaciones: ¿hasta dónde el respeto al origen se convierte en una claudicación del mando?
La narrativa de la "presidencia tutelada" es un veneno que, de no encontrarse el antídoto del golpe de autoridad, terminaría por corroer las instituciones. El escenario de la educación pública no ha sido un tema menor, ni una simple nota al pie. La modificación del ciclo escolar, que para el ciudadano de a pie podría parecer una readecuación administrativa, terminó por convertirse en el tablero donde se midió la densidad de los hilos que aún mueve Mario Delgado desde la SEP. La resolución final de este lunes, que echó atrás el recorte del calendario pretendido por el secretario, marca el primer deslinde técnico y político de la Presidenta frente a su operador más pragmático.
El hoy secretario, arquitecto de las alianzas más tóxicas del sexenio anterior, parece representar ese lastre que la presidente debe soltar si desea que su administración despegue con vuelo propio. Cobrarle a Delgado las afrentas acumuladas y su papel como puente con los sectores más oscuros de la política subnacional no es un acto de venganza, sino de necesaria higiene. La máxima autoridad no se hereda por ósmosis; se ejerce con el rigor del cirujano. Al desautorizar la "ocurrencia" de terminar las clases en junio, Sheinbaum no solo defendió el derecho a la educación, sino que aplicó ese "quinazo" administrativo que la psicología del sistema político nacional exigía para validar su mando.
Pero el reto no se agotaba en la capital. El verdadero sabor amargo de esta encrucijada se percibió en la periferia, donde el federalismo parece haberse convertido en un permiso cínico para el despotismo. El caso de San Luis Potosí es, en este sentido, el síntoma de una enfermedad mayor. La relación entre Mario Delgado y el clan de Ricardo Gallardo Cardona es el ejemplo de cómo las alianzas de conveniencia secuestran la autoridad federal. En el Altiplano, el "Pollo" Gallardo no solo ha desafiado las formas; ha pretendido imponer una agenda propia donde la institucionalidad se dobla ante el capricho. La insistencia de Gallardo por cerrar las escuelas anticipadamente, secundada inicialmente por Delgado, chocó ayer con la pared de una Presidenta que se negó a financiar con días de clase los pactos de impunidad regional.
¿Hasta cuándo puede la presidente permitir que sus aliados le tomen la medida? La insubordinación de las bancadas del PVEM y el PT ha comenzado a erosionar la imagen de una mandataria que debe ser la jefa de su coalición. Si Sheinbaum no ponía este alto a los cacicazgos que Delgado cobijó, el mensaje habría sido devastador: que en México se puede gobernar con el látigo siempre que se entreguen votos al centro. La rectificación del lunes es la señal de que esa "pax mafiosa" tiene, al menos hoy, un límite institucional.
La fortaleza de este golpe de autoridad radica en la recuperación de la narrativa técnica. Sheinbaum, con su énfasis en la legalidad, encontró en el calendario escolar la justificación perfecta para intervenir donde el exceso era la norma. La historia política enseña que un barco que no corrige el rumbo ante la insurrección de la tripulación termina en el naufragio. La investidura demanda que el "segundo piso" no sea una extensión cosmética, sino una estructura con cimientos propios. Es justo aquí donde la figura de Mario Delgado adquiere tintes de una sombra que oscurece el brillo y/o la coherencia de principios de la nueva administración. Al mantenerlo en la SEP, la presidente asume el costo de sus omisiones, pero la corrección pública del calendario ha abierto la primera grieta controlada para demostrar que el tiempo del pragmatismo a ultranza ha terminado. Es la demostración de que la ciencia de gobernar también incluye saber cuándo desechar los elementos que contaminan la mezcla.
San Luis Potosí, mientras tanto, ha recibido una señal. La resistencia de Gallardo Cardona a alinearse es una afrenta directa. Si el gobierno federal continúa enviando recursos sin condicionamientos, estará financiando un feudo que tarde o temprano desafiará a la Presidenta en temas más sensibles. La opinión pública local busca en la mandataria a una aliada, no a una cómplice del pacto Delgado-Gallardo.
En conclusión, el desenlace de esta semana obliga a ver que el tiempo de la consolidación del mando propio ha comenzado a correr. La política mexicana es ritualista, y el ritual del mando exige ver quién sostiene la batuta. Ayer, 11 de mayo, quedó claro que la batuta ha cambiado de manos. Lo sustancial es que Sheinbaum entienda que su legitimidad se construye diariamente imponiendo el orden presente. San Luis Potosí y la SEP fueron los frentes de una batalla por la dignidad del Estado. El "quinazo" moderno no necesitó tanques; bastó con una instrucción presidencial que puso fin al chantaje de unos aliados que confundieron la lealtad con el derecho al saqueo.
Glosas del Poder
En la Ciudad de México: Se percibe un nerviosismo creciente en el gabinete local. La sombra de la administración federal es tan alargada que algunos secretarios de Clara Brugada no saben si responder a la Jefatura de Gobierno o esperar la señal de Palacio Nacional. La seguridad sigue siendo la asignatura pendiente que podría generar el primer choque de trenes entre las visiones de prevención comunitaria y de contención federal. Se rumora que la "línea" sobre la fiscalía local será el primer gran examen de autonomía para la nueva Jefa de Gobierno.
En San Luis Potosí (Entidad): La tensión entre el Ejecutivo estatal y los delegados federales ha llegado a niveles de incomunicación total. Se dice que en la última visita de funcionarios de alto nivel, el gobernador Gallardo no ocultó su desprecio por las formas técnicas de la Federación, insistiendo en que "sus números" y su "apoyo popular" son los únicos que valen en el estado. El Verde local ya prepara la maquinaria para el 2027, desafiando abiertamente cualquier línea de "no nepotismo" que emane del centro, mientras las carpetas de investigación en instancias federales parecen ser el único lenguaje que el Altiplano empieza a temer.
En San Luis Potosí (Capital): El ayuntamiento capitalino se ha convertido en el último reducto de una oposición que busca oxígeno bajo el agua. Enrique Galindo navega en aguas turbulentas, tratando de mantener la gobernabilidad en una ciudad que se siente sitiada por la propaganda estatal y el uso político de los servicios básicos. Los ciudadanos capitalinos observan con recelo cómo las grandes obras estatales parecen tener siempre un tinte de "derecho de piso" electoral, mientras la seguridad en las colonias periféricas sigue siendo una promesa que se desvanece entre boletines oficiales y entregas de despensas.
















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