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Ágora: Apuntes sobre el proceso electoral2021 en San Luis Potosí

  • 7 jun 2021
  • 5 Min. de lectura

Por Emanuel del Toro

Apuntes sobre el proceso electoral 2021 en San Luis Potosí.

Cada que un proceso electoral termina queda en el aire la sensación de que todo pudo ser distinto. A bien de decirlo como corresponde y todavía sin un claro ganador en la contienda por la gubernatura en San Luis Potosí, dedico el presente comentario a enunciar algunos de esos elementos que habrán de quedar para la reflexión independientemente de las impresiones y/o filiaciones políticas que cada cual tenga. Lo de menos por decir, es que igual que ha venido aconteciendo en los últimos procesos electorales no concurrentes, la jornada que concluye vuelve a refrendar una alta polarización del electorado, y con ello porcentajes de triunfo cada vez más cerrados, donde quien gana lo hace por porcentajes que oscilan entre el 3% y el 2%, incluso menos, con el consiguiente resquemor de todos los bandos involucrados ante la suspicacia o sospecha de un fraude.

Lo que las más de las veces deriva en escenarios poselectorales tensos, donde unos y otros se acusan mutuamente, tanto de los resultados, como de sus respectivas tendencias, sin dejar de lado a quienes laborando en el sector público, ya apartados del poder quienes les contrataron, habrán de ver como la continuidad de sus trabajos se pondrá en tela juicio, independientemente de su desempeño, por la inercia de intereses políticos que llevan de continuo a una sustitución de cuadros administrativos, que no tiene otro propósito que cumplir los consabidos compromisos que cargan todos y cada uno de los candidatos que han resultado ganadores.

Un ciclo que se repite intermitentemente cada que hay elecciones, y que sin duda contribuye a exacerbar los ánimos de quienes se ven desplazados, pero que también incide a mediano plazo en la calidad de la atención que las administraciones que llegan terminan dando a la ciudadanía en general, porque rompe con frecuencia la curva de aprendizaje de los cuadros a cargo de la administración pública, como de hecho se ha visto en la localidad desde que cada vez se da mayor alternancia partidista en distintos niveles de gobierno.

Por otra parte, cabe advertir que así como se confirma la tendencia de resultados cada vez más cerrados, con las consecuencias ya antes descritas en el ánimo del electorado, de igual modo que con la regularidad de la administración pública, otro tanto ha terminado ocurriendo con los porcentajes de abstencionismo. El cual si bien sigue siendo alto, ya que en esta ocasión rondó el 45%, no es menos cierto que fue también, mucho menos de lo esperado, a juzgar por la importancia que el tema sanitario ha jugado a nivel mundial en el último año con el desarrollo de la pandemia de covid-19.

Para decirlo claramente: se esperaba que la cuestión golpeara el escenario electoral con mayor severidad de lo habitual. Y es que en ese tema lo común es atribuir la cuestión a la desafección que el electorado vive frente a representación partidistas y/o candidatos, con los que cada vez se siente no sólo menos identificado, sino también, menos dispuesto a votar; un problema con el que lleva lidiando nuestra democracia desde hace al menos 15 años. Sin embargo, lejos de lo que se pensaba, la pandemia no terminó afectando tanto la concurrencia a las casillas como se pensaba que lo haría. Esperemos cuando menos que de aquí en más, ya pasado el frenesí desatado por las elecciones y los intereses políticos, devuelva el tema del cuidado sanitario y la necesidad de tomar medidas preventivas para controlar la movilidad ciudadana a la centralidad que le corresponde.

Por otra parte, a propósito de la desafección de la ciudadanía con una élite política tradicional cada vez más desprestigiada, (fenómeno del que con se deriva la formación de cada vez más partidos), cabe advertir que pese a descredito que viven dichos políticos, la irrupción de perfiles no tradicionales está todavía lejos de entusiasmar al electorado, el cual, si bien no se siente conforme con las opciones partidistas disponibles. Es un hecho que la clase política tradicional sigue obteniendo porcentajes de votación muy superiores a los registrados por perfiles ciudadanos, sean estos independientes o abanderando a opciones partidistas de alcance modesto en comparación a los partidos más grandes.

Sin embargo, no menos cierto es que la aparición de cada vez más partidos, ha terminado generando que cada vez sea menor el porcentaje de votos necesarios para ganar. Lo que no hace sino abonar al disgusto de propios extraños, que elección tras elección miran como quien gana las elecciones, lo hace con un mínimo porcentaje de la votación total. El resultado por demás predecible, es un resquemor ciudadano para quien gana, que no termina de disiparse nunca, porque no sólo nadie queda conforme con los resultados, encima termina siendo el caldo de cultivo perfecto para procesos electorales futuros cada vez más polarizados, donde lo que prevalece es el sectarismo tanto de los pros, como de los contras.

Tema que en la localidad recrudece, toda vez que prevalece el malestar ciudadano frente a la idoneidad de los perfiles de las candidaturas en todos los partidos políticos, con frecuencia porque se piensa que estas muestran poca variación en la composición de sus cuadros, que repiten y/o reciclan grupos de interés, que ya han dado muestras en el pasado reciente de no ver más que por sus propios intereses, sin mencionar los casos más severos, donde los perfiles elegidos cargan tras de sí sospechas de nexos con el crimen organizado o de su participación en actividades ilícitas diversas, que aún son objeto de investigación federal; casos en los que se sospecha que de ganar, tales investigaciones habrán de ser virtualmente congeladas.


Lo menos por decir al respecto, es que dado el resquemor que la cuestión suscita, permanece una deuda pendiente de la ciudadanía por involucrarse más en la definición misma de las candidaturas. ¿De lo que todo el mundo se pregunta y quisiera saber; quién ganó? No hay nada claro aún, no al menos para lo que toca a la gubernatura, y no parece que lo haya hasta que el CEEPAC lo determine sin lugar a dudas este miércoles 9 de junio del presente año. Al momento lo único claro es que gane, lo va tener muy complicado para conformar a la ciudadanía, no sólo por lo polarizada que queda tras el proceso, sino porque quien gane lo hará representando a un mínimo porcentaje del total del padrón electoral. Porcentaje que en el mejor de los casos no será de más del 20%, lo que significa que quien gane la gubernatura, lo hará con virtualmente 80% de la ciudadanía en contra.

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