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En palabras Llanes: En los linderos de la zona Eme



En los linderos de la zona Eme


Por Alberto Llanes.



“Lo del ´peso muerto´ también es de película.

Así se le dice a la gente que retrasa a sus compañeros

de grupo y que suele ser de más edad, más débil”.


“Se llamaba Metro, como en las películas y existía

aquí y en muchísimas otras ciudades del planeta”.

Alberto Chimal, La noche en la zona M.




A ver, en el año 1995 del siglo pasado «no hagan cuentas, por favor, o sí», yo era un adolescente rebelde que estaba peleado con el mundo o el mundo estaba peleado conmigo que para el caso es lo mismo y a estas alturas del partido da igual. En ese año, escuché por vez primera una canción que despertó cierta angustia y, ahora lo sé, ansiedad en mí por el tema que se tocaba en esa letra, hablo de la canción Día cero del grupo de rock chileno La Ley. Obviamente que, en aquellos ayeres llegar con mi papá y mamá y decirle que tenía ansiedad era impensable. La receta mágica era un cinturonazo o varios y dormir calientito como decían que uno dormía con las nalgas rojas y punzantes tras la golpiza.


Yo escuchaba a este grupo y lo hacía más bien por la fuerza en los arreglos producto del trabajo de uno de sus integrantes: Andrés Bobe. Sin embargo, Andrés falleció trágicamente en un accidente en motocicleta en 1994 y en 1995, Luis Alberto Cuevas Olmedo, mejor conocido «para la gente de mi generación y desconocido para las generaciones siguientes» como Beto Cuevas y el resto del grupo sacaron su siguiente producción discográfica, todavía con alguna influencia del trabajo que había dejado Andrés Bobe; una especie de homenaje póstumo. Después La Ley se desconfiguró totalmente y ya no fue lo mismo, continuaron con cierto éxito sí, pero hasta ahí. Andrés Bobe fue el culpable, en parte, de la internacionalización del grupo y de que yo los escuchara y me diera ansiedad, jejeje…


En ese año del noventaicinco salió el disco “Invisible”, donde viene esta canción de la que les estoy hablando que, grosso modo, trata de una catástrofe vista desde el lado B, como los lados B de aquellas grabaciones que tenían esos lados donde los sonidos eran más crudos, fuertes e irreales, el lado B es el del día cero: donde hay un mundo habitado por personas extrañas que hablan de quién fui y pretenden darme razón sin que sepa nada, donde el ambiente está enrarecido y no hay necesidad de hablarlo más, donde existe la crueldad de la continuidad y creo creer que esto es real.


Donde mi mundo o lo que conocía como mi mundo, se transfiguró presentándome un mundo alterno, alterno para mí, alterno para ti y alterno para Einstein como le dice el doctor Emmet W. Brown a Marty Mcfly en la segunda parte de la saga de películas Volver al futuro, cuando al regresar al pasado, ese 1985 está desconfigurado, está destructurado, descompuesto y todo es violencia, frivolidad e idolatran a una sola persona: a Beff. Y Beff es malo, tiene comprada a la policía y, digamos, es el dueño de esa parte del mundo, todos le rinden pleitesía y nada se hace, nada se dice, sin que Beff esté enterado y punto, fecha y firma…


Sin ánimo de espóilear la novela de Alberto Chimal que estamos presentando esta tarde, pero sí con el gusto de comentar ciertos detalles para generar la lectura de la obra, me gustaría puntualizar que sí, que nos encontramos ante una novela distópica, futurista, de ciencia ficción, postapocalíptica si ustedes quieren llamarle así, de nuestra gran Ciudad de México, CDMX o DF, yo prefiero seguirle diciendo DF como en mis años de juventud y de cuando la habité, la viví en mis primeros años de vida, cuando tuve la oportunidad de recorrerla a diario desde mi día cero en años, hasta más o menos los siete u ocho, ya empiezo a tener el recuerdo un poco borrado… pero más o menos así fue.


En la noche en la zona M estamos en el siglo XXII «quizá el propio Beto Chimal nos explique porqué en ese siglo precisamente, sitúa a sus personajes en esta distopía novelada» y México, la CDMX, la Ciudad de México o el DF., ya no es ni la sombra de lo que era o, bueno, quizá la sombra sí es y por eso es de noche, y esa sombra se está cayendo a pedazos, pero vaya, no sólo es la ciudad la que ha perdido su estabilidad social, su esplendor, su colorido y su multidiversidad de ambientes y estratos, no, es el mundo entero el que está sumido en esta especie de caída «ahora sí que se nos cayó el sistema» y los países parecen ya no existir y menos en el caso de la Ciudad de México donde sus delegaciones ahora son reinos divididos y gobernados o dirigidos o mal dirigidos entre pequeños caciques, por decirles de alguna manera, y sus habitantes son quienes han sobrevivido a esta vorágine que parece no tener no tener fin, obviamente que los sobrevivientes son los esclavos o vasallos de los altos mandos «esto es algo que sigue sin perderse en la novela; existen los de arriba y los abajo, como siempre han existido» y entonces a veces nos sentimos en uno o en muchos de los episodios de The Walking Dead donde sobrevivir no es lo único, sino lo más importante porque en el país de los ciegos… el tuerto es rey, como en aquella otra novela del premio Nobel de literatura José Saramago, Ensayo sobre la ceguera, una novela que nos habla de la condición humana y de lo escorias o buenas personas que podemos llegar a ser ante una terrible pandemia como la que acabamos de pasar en la vida real, donde el mundo, prácticamente se paralizó por meses, esto sólo lo había leído en la ficción, pero la realidad a veces supera a la ficción y eso me queda clarísimo.


En este Walking Dead de La noche en la zona M, que nos presenta Alberto Chimal, los personajes principales: Sita y Lucina se desenvolverán con todo esto en contra, claro, tendrán cosas a favor que casi casi y estoy seguro, son nada más los puros recuerdos en algunos casos, para ir viviendo su día o su noche a noche como mujeres; esas mujeres extrañas, ante los demás, porque tienen conocimientos en tecnología y, bueno, hay otras mujeres que viven bajo el yugo y sumisión de los hombres que son los reyes de cada uno de los reinos en que está dividida la población.


A veces nos sentimos también en un momento de la película El precio del mañana o en Blade Runer o La máquina del tiempo en donde incluso, la luna, se cae a pedazos y todo parace venirse abajo… Lejos quedaron el palacio de las Bellas Artes, la Torre Latinoamericana, las salas de cine, el sistema de transporte colectivo Metro y los edificios donde se enseñaban cosas, se daban talleres de o se utilizaban como oficinas, escuelas, talleres u hospitales… siguen existiendo, ahí están, pero ya no con la función que tenían antes, la torre latino, por ejemplo, sólo funcionan sus dos primeros pisos y esos los utilizan como bodegones para guardar ene cantidad de cosas sin ton ni son, del palacio de las Bellas Artes mejor ni voy a hablar para que cada uno y cada una se adentre en la lectura de esta novela que nos conectará con esas historias futuristas, distópicas donde la realidad se nos presenta monstruosa, terrible y siento, esto ya en mi opinión muy personal, que para allá vamos, que estamos justo en los linderos de un suceso como En la noche en la zona M, y vamos hacia allá dando pasos agigantados con estas dizque transformaciones de cuarta o de quinta que se quedarán en aquel dicho que reza, no fue cambio, fue pura morralla…


Por último, quiero hacer notar que la novela lleva una secuencia cronológica de quince días antes de que sucedan ciertos hechos o que los personajes logren escapar de sus captores, un juego temporal que le da un plus a todo lo que sucede al leer estas páginas…

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