Al Grano: La soberbia también hace encuestas

La soberbia también hace encuestas
Por: Einar Rodríguez Ramos
En Morena ya ganaron la elección de 2027. Bueno, al menos eso parece, porque cuando un partido comienza a celebrar un triunfo diez meses antes de que se abran las urnas, uno no sabe si está frente a una estrategia electoral, a un acto de fe o a una reunión particularmente entusiasta de optimistas.
En Colima la cosa tiene su gracia. Morena ya tiene coordinadora estatal para la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional: Rosa María Bayardo Cabrera, y con ello prácticamente tiene también la carta con la que pretende llegar a la gubernatura. El mensaje parece ser: “Ya está decidido. Siguiente tema”. El pequeño detalle es que el siguiente tema resulta bastante incómodo: los aliados.
Porque mientras en Morena hablan de unidad, en el PT y el PVEM no todos parecen haber recibido el mismo memorándum. Y cuando un partido necesita explicar que “no hay diferencias”, normalmente es porque alguien ya preguntó por qué sí hay diferencias.
La presidenta estatal de Morena, Mitzuko Márquez Monroy, ha sostenido que no existen diferencias de fondo y que no habrá otra encuesta. Muy bien. Sólo falta convencer al Verde y al PT, y de paso a quienes participaron en el proceso interno y no salieron en la fotografía. Porque una cosa es decir “unidad” frente a los micrófonos y otra muy distinta conseguir que todos los involucrados estén de acuerdo cuando se apagan las cámaras.
Morena difundió sus resultados nacionales y, en el caso de Colima, Rosa María Bayardo apareció con 35 por ciento en la preferencia para encabezar una eventual candidatura de Morena, PT y PVEM; Virgilio Mendoza obtuvo 19 por ciento, Joel Padilla 11 y Gricelda Valencia 9 por ciento. Hasta ahí, impecable. El problema comienza cuando uno pregunta por el pequeño detalle de Virgilio Mendoza, porque el dirigente del Verde no parece haber quedado precisamente encantado con el resultado y ha cuestionado el procedimiento.
Y aquí es donde la política mexicana vuelve a demostrar que puede convertir una encuesta en un episodio de misterio: ¿quién se registró?, ¿quién fue incluido?, ¿quién decidió?, ¿quién midió y quién explica? Son preguntas bastante sencillas, aunque las respuestas parecen requerir una comisión investigadora, dos reuniones partidistas y, si hace falta, una nueva encuesta para saber qué encuesta fue la buena.
Si para entender una encuesta necesitamos otra encuesta, quizá ya entramos en territorio de la estadística creativa.
Pero hay algo que Morena no debería perder de vista: el Verde no es decoración electoral. Puede que algunos en el partido guinda consideren que sus aliados deben llegar, sonreír, levantar la mano y firmar donde les indiquen, pero la política tiene la desagradable costumbre de recordarles a todos que los aliados también tienen intereses propios.
Y Virgilio Mendoza tiene los suyos.
El dirigente del Verde ha mantenido su aspiración y su partido ha dejado claro que quiere participar en la definición. Una medición de MetaMetrics de agosto colocó a Mendoza al frente de las preferencias internas del Verde con 28.7 por ciento, aunque con un 32.6 por ciento de personas todavía indecisas. Es decir, el Verde tiene una carta propia y, cuando alguien tiene una carta propia, normalmente no llega a la mesa de negociación para jugar de florero.
Y eso debería ser suficientemente claro para cualquiera que esté haciendo cuentas rumbo a 2027.
El verdadero asunto para Morena no es solamente quién encabezará la candidatura, sino quiénes estarán dispuestos a caminar detrás de ella cuando llegue el momento de pedir el voto. Y ahí la política se vuelve mucho menos sencilla que una encuesta interna.
















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