Al Grano: ¡Amor verde, desencuentro guinda!

¡Amor verde, desencuentro guinda!
Por: Einar Rodríguez Ramos
En política, como en las buenas novelas, los personajes suelen descubrir que no siempre tienen el final que habían imaginado. Y en Colima, Virgilio Mendoza Amezcua acaba de protagonizar un capítulo que mueve las piezas del tablero rumbo a 2027: anunció su salida de la dirigencia estatal del Partido Verde porque no está de acuerdo con la decisión de la cúpula nacional de mantener la alianza con Morena.
El Verde quiere seguir caminando de la mano de Morena, pero uno de sus principales referentes en Colima ya no quiere recorrer ese camino. Los dirigentes nacionales toman la decisión desde sus escritorios y Virgilio, desde su perspectiva de colimense, les recuerda que el estado no es una sucursal donde se colocan candidatos siguiendo instrucciones de la capital.
Eso sí, una cosa es respetar la decisión de la dirigencia nacional y otra muy distinta compartirla. Mendoza decidió marcar distancia, acompañado de dirigentes municipales que anunciaron su salida de sus respectivas responsabilidades partidistas. El mensaje es claro: si la ruta del partido ya está trazada, él pretende buscar otra.
La pregunta es inevitable: ¿se trata del nacimiento de una nueva alternativa política o del primer movimiento de una partida que todavía tiene pendiente definir quién reparte las cartas?
Porque en Colima nadie ignora que 2027 no está tan lejos y que, cuando se acerca la disputa por la gubernatura, hasta las diferencias ideológicas parecen hacerse a un lado para dejar espacio a las diferencias por las candidaturas.
EL VERDE QUIERE IR CON MORENA; VIRGILIO, POR OTRO CAMINO
El problema de fondo no es únicamente una diferencia de opiniones. Es una disputa sobre quién decide el futuro político del Verde en Colima y qué papel jugará Virgilio Mendoza en la sucesión gubernamental.
El senador había expresado su intención de esperar la determinación nacional antes de definir su ruta. Según su dicho, la semana pasada recibió de Arturo Escobar, coordinador nacional de Procesos Electorales del PVEM, la notificación de que el partido mantendría la alianza con Morena en la entidad.
La respuesta de Virgilio fue renunciar a la dirigencia. En términos políticos, el movimiento abre un escenario distinto: el PVEM puede conservar su acuerdo nacional con Morena mientras Mendoza intenta construir una alternativa local. La pregunta será cuántos liderazgos, militantes y estructuras territoriales estarán dispuestos a acompañarlo.
Porque renunciar a una dirigencia no significa llevarse automáticamente al partido en la bolsa. Una cosa son los cuadros que se suman a una conferencia de prensa y otra, muy diferente, es mantener una organización con presencia, estructura y capacidad para competir en las urnas.
EL FRENTE OPOSITOR: MUCHAS PIEZAS Y UNA SILLA
Virgilio ha convocado a liderazgos políticos, empresariales y sociales para construir un frente común. La idea no aparece de la nada: durante los últimos meses se han publicado versiones sobre acercamientos entre figuras de la oposición para explorar una candidatura compartida rumbo a 2027.
Entre los nombres que han aparecido en esas conversaciones están Mely Romero, del PRI; Riult Rivera, del PAN; y Margarita Moreno, vinculada a Movimiento Ciudadano en el escenario político estatal. La posibilidad de sumar a Virgilio a ese espacio también ha sido tema de análisis.
Pero conviene no confundir conversaciones con acuerdos firmados. Hasta ahora, la existencia de acercamientos no equivale a una coalición formalmente constituida ni resuelve quién encabezaría el proyecto.
Y ahí está el detalle: todos pueden coincidir en la necesidad de dialogar, pero la unidad se pone verdaderamente a prueba cuando llega la hora de decidir quién va adelante, quién acompaña y quién acepta quedarse fuera de la fotografía principal.
Mely tiene sus aspiraciones; Riult representa una carta del panismo; Margarita tiene su propio espacio político, y Virgilio llega a esta nueva etapa con la intención de construir una alternativa. Cada uno tiene sus intereses, sus antecedentes y sus propias cuentas.
¿Podrán ponerse de acuerdo? Esa es la pregunta que todavía no tiene respuesta.
Porque construir un frente no consiste en reunir cuatro nombres conocidos, sentarlos alrededor de una mesa y anunciar que todos quieren cambiar las cosas. Se necesita acordar un programa, establecer reglas para seleccionar candidaturas, resolver diferencias y definir compromisos que vayan más allá de la ambición individual.
De lo contrario, el tan anunciado frente podría terminar convertido en una sala de espera donde todos quieren el mismo asiento y ninguno quiere cederlo.














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