Bitácora de Marly: Eternidad

Eternidad
En memoria de Juan Rulfo
Vine a Comala en busca de la chica de ojos aguamarina que me robó el aliento desde el primer instante que la vi tras su ventana. La encontré en el jardín del pueblo, sentada en el quiosco. Ella me esperaba una vez más con el rostro afligido.
-¿Por qué lloras?
-Lloro por un amor que falleció en otoño. Recuerdo que mis ojos se humedecieron cuando vi que una sotana dibujaba su cuerpo.
-Perdóname, Anita. Sé que fui un egoísta por no pensar en ti a la hora de elegir el camino de Dios.
Me estremecí cuando ella extendió su mano y tomó la mía. Su fantasma me había perseguido en el Santuario, pero existía un límite para que ella permaneciera conmigo: no tenía que tratar de tocarla porque se desvanecería. Anita era un eco en mis recuerdos.
-¿Por qué hoy sí nos podemos tomar de las manos?
-Porque tu cuerpo está en una cama luchando contra la muerte. Aunque no será por más de unos segundos.
-¿Qué me estás tratando de decir?
-No tengas miedo- me sonrió con un brillo especial en los ojos. -¿Escuchas el repiqueteo de las campanas? Es la melodía que anuncia que ya es tiempo de continuar nuestra historia en la eternidad.














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