Cuarto Oscuro: Realidad

Realidad
Tu fantasma recorre la habitación desolada, al principio pensé que te irías tan pronto como entraste, pero la verdad es que ya no puedes salir de mi mente. No sé muy bien si eres tú quien se niega a salir o yo quien me niego a dejarte.
Te fuiste y nos quedaron historias entrelazadas, saliste por la puerta sin mirar atrás, sin pensar en el hueco que me dejaste. Te fuiste y no te importó nada más que el servilletero del comedor y el libro azul de la mesita de noche.
Sabía que algún día iba a pasar, nada es para siempre, abre los ojos. Algún día terminaríamos tirando las sábanas manchadas de amor, la ropa impregnada con perfume del otro y los sueños que habíamos construido juntos. Algún día olvidarías la “perfecta” combinación de tu apellido con el mío y la manera en la que me gustaba describir tus nudillos.
El amor que consumimos en la cama que solíamos llamar nuestra, ahora es una simple ilusión. Me pesa el constante recordatorio de tu lugar vacío en la mesa del comedor, porque no importa lo lejos que estés, la casa lleva tu nombre por todos lados.
Alguna vez quise animarme a dejarla, quise correr de las paredes donde quedaron marcadas tus manos, pero no puedo escapar de mi propio cuerpo, de mis ganas de abrazarte y de quedarme ahí toda la vida.
Sin importar lo fuerte que luche, al final del día sigo esperando que el silencio me conteste el “te amo” que le soplo a tu almohada todas las noches, con la esperanza de que algún día, te hagas realidad de nuevo.














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