Cuarto Oscuro: Final

FINAL
Aunque no pareces real, eres el hombre más hermoso que he conocido nunca. ¿Me quieres pertenecer de nuevo? Dicen que nunca es tarde para volver a empezar. Recuerdo que, al principio hiciste que dejarte fuera fácil pero no he podido sustituir tus sonrisas, ni lo fantástico que resultaba tenerte apretado contra mi pecho. El hueco que dejaste jamás podrá llenarse de nuevo, pero sigo intentándolo.
Dejamos de vernos, de necesitarnos. Quisiste recorrer las curvas de otra persona, me he quedado con todo lo que tenía para decirte. Te perdí todo lo que pude. Nuestra canción sonaba por más de media hora, te deslizabas hasta mi cama. Nos aferrábamos al tiempo y a los momentos íntimos en los que me desnudaba frente a ti: insegura y transparente, sin barreras, pero hoy duermo con dudas, ¿estabas tan ausente? Definitivamente ya no encajábamos, nos retiramos a tiempo, antes de caer en el abismo de la indiferencia. El silencio dejó de hablarnos, juntos le dimos el último sorbo a nuestros sentimientos; tú y yo ya no cabemos en la misma cama. Entonces nos tocó separarnos, te fuiste y nos quedó un pasado en común, pero conquístame de nuevo una delgada línea nos separa de la felicidad y el olvido. ¿Fue aquella tu primera vez? ¿Conservas lo infinito de mis besos? A veces me pregunto si te duele mi nombre, si piensas en mí cuando te bañas. Me debes tiempo, todo el que pasamos juntos; me debes besos, todos los que nos dimos y aquellos que se han quedado en mis labios con ansias de estar en los tuyos; me debes un “para siempre” pero hoy eliges tu vida, en lugar de la nuestra, porque sí, fuimos uno. Como lo decíamos, todo esto fue un juego y como sabrás, en todo juego hay un ganador y esta vez no he sido yo. Me huele a fracaso, elegiste los brazos de otra persona, las caricias de otra dama, los buenos días de otra amante, las buenas noches de otra ninfómana. Yo perdí mi tiempo, tu perdiste a alguien que te quería, de verdad. De aquellas noches donde comentábamos lo que éramos, lo que solíamos ser, ¿quién diría que se nos acabarían las ansias, el deseo y las ganas?
Que por las noches terminaríamos tejiendo nuestros recuerdos, que aquella noche sería la despedida de nuestros besos mojados, que terminaríamos doblando las sábanas de amor y locura con la que nos arropábamos todas las noches y que nuestro amor solo entendía de finales. Ya al estar separados pudimos enamorarnos, pero no nos dimos cuenta, fuimos presos del deseo. Me pesa tu recuerdo, tu recuerdo y tu ausencia, ¿vas a llamar esta noche? ¿Y qué tal mañana? ¿Al día siguiente? ¿O en un año? Millones de segundo al teléfono, ¡Oh cariño! Como nos gustaba perder el tiempo, despedirnos unas 15 veces antes de irnos a dormir para al final, soñar el uno con el otro. Fuimos risas, risas y diversión, no sabíamos ni de lo que hablábamos, conversaciones sin sentido, pero placenteras. Fuimos amantes, tus besos silenciaban mis mañanas y apaciguaban mis noches, eran los pequeños pasos que dábamos hacia el desastre. Sabíamos que todo terminaría pronto y, sin embargo, nos seguíamos destrozando con ganas.
Temía enamorarme de tu nombre, del color de tus pequeños ojos, de lo monótona que resultaba tu rutina, e incluso de lo torpe que resultaban tus “te quiero”, pero al final, pasó. Nos creíamos inmortales, aunque el fuego que habíamos alimentado por meses se desvanecía poco a poco, y entonces logramos decir “suficiente”. ¿Y si tengo que olvidarte? ¿Y si tengo que darte por perdido? ¿Y si te digo que ya no puedo más? Que ya no tengo ánimos para buscar nuevas tonterías para ti, que ya me es imposible pensar en ti sin que el dolor me abrume. Que no, no tengo fuerzas para seguir adelante, porque ¿sabes qué? Esto de luchar está bien para los fuertes, para los que no les han robado las ganas y aunque es preciso todo lo que dicen de no darse por vencido, lo hice. Que sí, que sé que me va a doler y que en mi cobardía preferiría darle al botón que avance rápido para pasar estos angustiosos episodios de espera e incertidumbre y ver todo esto como algo ya pasado, que me hizo daño, pero que ya superé y que, para mí, ya está cerrado. Mientras seguiré intentando no saludarte, no llamarte, dejar de pensar en mí, para que por una maldita vez seas tú el que se arrastre y me demuestre algo.














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