Bitácora de Marly: Una novela con fantasmas del futuro

Una novela con fantasmas del futuro
Valeria Luiselli (Ciudad de México, 1983) publicó su primera novela en el 2011, titulada Los ingrávidos. La autora se aleja de temas sociales –como el narcotráfico y la violencia– para centrarse en la vida íntima y familiar.
La narradora es una mujer del México contemporáneo, quien está casada y es madre de una bebé y un niño mediano, con mediano se refiere a que él es el mayor de sus hijos, pero que aun está chico. Aprovecha las noches y sus ratos libres para escribir su novela. Relata sus años de juventud como editora en Nueva York y sus relaciones interpersonales. Lo que parece un contraste de su pasado y presente, termina en una obsesión con el fantasma del poeta Gilberto Owen.
El narrador, Gilberto Owen, se encuentra al borde de la muerte. Él recuerda su juventud durante el Renacimiento de Harlem a finales de los años veinte, donde participaba de la vida literaria neoyorkina, al lado de escritores como Louis Zukofsky o Federico García Lorca.
Tanto la voz de la mujer como la de Gilberto Owen componen Los ingrávidos. Ambos personajes se buscan en el espacio de los trenes subterráneos, donde viajaban en sus respectivos pasados: “Se detuvo un tren. Detrás de Dakota me pareció ver el rostro de Owen entre las muchas caras del metro. Fue sólo un segundo. Pero estuve segura de que él me había visto también” (p. 44).
Luiselli estructura su novela sin capítulos, se trata de un texto dividido en fragmentos que se separan por asteriscos. Por lo que, sin previo aviso el lector intercambia de piel (la mujer/Gilberto Owen) y de tiempo (presente/pasado). La mujer puede ser vista como el álter ego de la autora, y es a través de ella que el lector conoce el motivo de la desfragmentación del libro:
Vuelvo a la novela cada que los niños me lo permiten. Sé que debo generar una estructura llena de huecos para que siempre sea posible llegar a la página, habitarla. Nunca meter más de la cuenta, nunca estofar, nunca amueblar ni adornar. Abrir puertas, ventanas. Levantar muros y tirarlos (p. 20).
Los ingrávidos se caracteriza por su agilidad, inmediatez y humor. Expresa el escritor Alberto Llanes (2014) que estamos en el siglo de la desfragmentación, donde todo lo hacemos en pedazos, en partes; pues la tecnología ha tenido sus queveres con esta modalidad de la vida moderna.
Moby, Dakota, Pajarote, White, Zukofsky, Federico, entre otros, son personajes de los recuerdos de los narradores; seres que existieron, pero que ya no están en sus vidas; fantasmas del futuro, en esto radica el nombre de la novela: entes ingrávidos. El lector se encuentra entre historias superpuestas, las vivencias de la mujer y de Gilberto son muy semejantes: se dedican a las letras como traductores, son padres de dos hijos, sobrellevan conflictos maritales. Ambos discursos se funden en uno solo. A continuación les dejo el inicio de cada historia:
La mujer:
Todo empezó en otra ciudad y en otra vida, anterior a ésta de ahora pero posterior a aquélla. Por eso no puedo escribir esta historia como yo quisiera –como si todavía estuviera ahí y fuera sólo esa otra persona–. Me cuesta hablar de calles y de caras como si aún las recorriera todos los días. No encuentro los tiempos verbales precisos. Era joven, tenía las piernas fuertes y flacas (p. 11).
Gilberto Owen:
Empezar así: todo sucedió en otra ciudad y en otra vida. Era el verano de 1928. Trabajaba como escribiente en el consulado mexicano de Nueva York […]. Han pasado casi veinticinco años desde entonces: aunque quisiera, no podría escribir esta historia como si todavía estuviera ahí y fuera ese joven flaco y lleno de entusiasmo, traduciendo a Dickinson y a Williams, enfundado en una bata gris (p. 64).
Recomiendo Los ingrávidos porque Valeria Luiselli reta al lector con el desdoblamiento del tiempo y la fusión de voces narrativas para que preste atención a los fragmentos y los acomode en un invisible rompecabezas.
Luiselli Valeria (2011). Los ingrávidos. México: Editorial Sexto Piso.















.jpeg)




Comentarios