Bitácora de Marly: Somos un cáncer social

Somos un cáncer social
El lunes 10 de junio se escenificó ¡Ay! Lo que somos, escrita y dirigida por las estudiantes de cuarto semestre de la licenciatura en Letras Hispanoamericanas de la Universidad de Colima. El montaje de la obra fue en el auditorio Gregorio Macedo López de la Facultad de Letras y Comunicación a las 10:00 a.m. Antes de la tercera llamada se le anunció al público que estaba prohibido entrar y/o salir una vez que iniciara la función, para así mantener el ambiente de la obra teatral. Un requerimiento necesario porque en el primer cuadro aparecen todos los personajes, aunque no vayan a interactuar.
¡Ay! Lo que somos se reparte en cuatro voces (monólogos) y un diálogo (entre los usuarios 1 y 2). La temática es de una realidad cruda que se padece en Colima y en cualquier lugar de México y del mundo: desaparecidos, extinción, violencia a la mujer.
La voz 1, interpretada por Vanessa López, era la de los involucrados en la desaparición de las personas. Su discurso es sin eufemismos: puta comida, pinche desaparecido, tu méndiga función, inútil saco de huesos, maldita pala, a estos pendejos ya se los cargó la chingada, etcétera. Con su letanía de “Quizá” se siente una vibra de dolor, porque hace referencia sobre lo que podrían estar haciendo la familia y las personas más cercanas al desaparecido. Vanessa López hizo un excelente uso del machete para darle una sensación más real a lo que el público estaba presenciando.
La voz 2, interpretada por Coral Escalera, expresó su sentir sobre la muerte de la fauna y flora, responsabilizando al ser humano. Enumeró a distintos animales: el pájaro carpintero imperial, el tigre de Tasmania, el rinoceronte, el koala, el ajolote, el oso polar, el panda, la jirafa, la abeja; se expresó de ellos como un plato de comida. Mientras Coral Escala narraba su discurso, se quitaba flores amarillas de su vestuario, representando la extinción.
La voz 3, interpretada por Gabriela Zepeda, manifestó la violencia que vive la mujer. La primera sentencia deja helada a cualquier persona: “Soy una puta. Siempre lo he sido, incluso antes de nacer”. Se describieron las razones por las que a una mujer se le considera puta. Las cifras y estadísticas –sobre las niñas víctimas de feminicidio en México; las mujeres asesinadas en Latinoamerica; las mujeres que viven violencia al interior de sus casas; y las mujeres que han sufrido intentos de asesinato o han intentado suicidarse– le dieron un mayor peso de validez a lo que expresaba el monólogo. El discurso sin duda estuvo bien construido, sin embargo, le faltó un elemento sorpresa al vestuario y a la identidad del personaje, porque a diferencia de las actuaciones anteriores, la participación de Gabriela Zepeda se vio simple.
La voz 4, interpretada por Ingrid Guijarro, mostró un agudo dolor por su sentido de no pertenencia. Su discurso se forjó a través de distintas voces: Marcel Duchamp (“No tengo banderas en mi casa”), Susana Kesselman (El pensamiento corporal), Piero (“Soy pan, soy paz, soy más”), Xavier Carlos (“Pescado de este flujo y movimiento”) y por la de la misma actriz. Impresionó su manejo de escenario por su simulación a los honores a la bandera, ya que hace una mezcla de crítica político-religiosa: “Bandera de México que estás en los cielos, santificada sea tu águila, venga a nosotrxs tu cañón de guerra”.
El diálogo de los usuarios 1 y 2, interpretado por Michel Jimenez y Sheidy Rodríguez, representó a los “Ciberheridos”. Reniegan de las estadísticas de las personas muertas, de la tala de bosques, de los feminicidios, los desaparecidos. Sus comentarios son cómicos y sarcásticos. La participación de ambas fue la que se vio menos trabajada, a Michel Jimenez le faltó dicción y que se memorizara su parte, por lo tanto, no hubo en varios momentos concordancia en las líneas de Sheidy Rodríguez.
El último cuadro cerró con una pregunta, que fueron repitiendo las cuatro voces: “¿Esto es lo que somos?”. El usuario 1 responde: “¡Ay! Sí soy”. Aplauso de pie para las actrices y el equipo de producción porque cada monólogo representó o expresó un momento de la realidad actual. Signo inequívoco de los momentos que estamos viviendo que posiblemente en veinte, cincuenta años sigan siendo exactamente los mismos de esta sociedad retrógrada, que como dice Cristina Pacheco: aquí nos tocó vivir.














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