Ágora: El desplume del "Pollo", charrería en Catar y el milagro de los choferes millonarios

El desplume del "Pollo", charrería en Catar y el milagro de los choferes millonarios
Por: Mtro. Emanuel del Toro.
VAYA semanitas las que se viven en el gallinero potosino, donde el plumaje del mandamás, Ricardo "el Pollo" Gallardo Cardona, no hace más que acumular lodo y descalabros. No cabe duda de que el poder encandila, pero lo que padece el gobernador ya raya en el delirio monárquico: su necedad por heredarle la silla del Ejecutivo a su distinguida esposa, la senadora Ruth González Silva, ha pasado de ser un secreto a voces a convertirse en una comedia de enredos jurídicos que se le cae a pedazos a ritmo de huapango. Es el clásico síntoma de un carácter pequeño: ante la incapacidad de trascender por brillantez o estadismo, el autócrata de rancho busca la perpetuidad familiar como único escudo para sus infinitas inseguridades.
EL PRIMER gran periodicazo en el hocico electoral se lo acomodó la mismísima Suprema Corte de Justicia de la Nación. Vaya bofetada constitucional. Aquel costoso capricho legislativo bautizado con sorna como la "Ley Gobernadora" terminó donde terminan los delirios de grandeza del gallardismo: sepultado en el basurero de la invalidez jurídica por los ministros de la Corte. Se quedaron sin el candado legal y, de paso, exhibieron que para las leyes son tan buenos como para cumplir promesas de campaña. El jeque de Soledad descubrió, para su desgracia, que la Constitución federal no se dobla con la misma facilidad que las voluntades en el Congreso local.
PERO EL VERDADERO balde de agua fría no llegó de los ministros, sino de sus propios "aliados" del centro. En el colmo del chiste, resulta que a la Cuarta Transformación le dio por simular decencia e implementó un candado interno que prohíbe explícitamente el nepotismo y la herencia de cargos familiares. ¡Vaya falta de respeto para las tradiciones de la monarquía potosina! Morena ya dejó claro que no piensa avalar dinastías conyugales, provocando que la famosa alianza cruja más que una rama seca. El Pollo creía que con prestar sus diputados en San Lázaro le iban a escriturar el estado a su nombre, pero en la capital le recordaron que la patria guinda no se hereda por acta de matrimonio. Al ranchero consentido se le olvida que en la Ciudad de México sus sombreros finos y sus desplantes de perdonavidas provocan más risa que respeto; allá arriba, su evidente complejo de inferioridad no se cura con un aplausómetro pagado.
LO MÁS DIVERTIDO de esta telenovela real es que el cortocircuito ya provocó chispas en la mesa del comedor del palacio estatal. Viendo venir el camión de frente y con el miedo de hacer enojar a la jefa del país, el mandatario reculó ante la prensa diciendo que su senadora favorita "puede esperar". Pero ¡vaya sorpresa! La consorte, empoderada por las encuestas que ella misma manda a pagar, no tardó ni veinticuatro horas en revirarle públicamente a su propio esposo que a ella nadie la frena y que constitucionalmente nada le impide competir. Cuando el jefe político del estado ya no puede controlar la agenda de su propia candidatura conyugal, es señal de que las plumas están volando antes de tiempo en el nido. A lo mejor el Pollo pensó que gobernar el estado era como manejar su lujoso Rancho El Dorado, donde los tigres y los caballos pura sangre árabes le obedecen sin chistar; pero resulta que la domina política requiere más neuronas que espuelas.
Y ES QUE para entender la sed infinita de poder y riqueza de este proyecto, basta con mirar a su alrededor y contemplar el "evangelio de la prosperidad gallardista". Nada desnuda mejor su incompetencia y su pánico a la transparencia que el tierno cuento de los choferes convertidos en magnates. Ahí está el célebre caso de Raúl Iván, cariñosamente apodado "El Gordo". Qué conmovedora historia de superación personal, esas son ganas de salir adelante, no tiznaderas: de manejarle la camioneta y abrirle la puerta al patrón, el muchacho amaneció un día transformado en diputado suplente, coordinador de logística, constructor de altos vuelos y próspero terrateniente. ¡Eso es meritocracia y no tonterías! Es bien sabido en el estado que cuando las dictaduras de bolsillo carecen de operadores con talento, terminan usando a sus choferes, escoltas y prestanombres de confianza como fachadas de un emporio de papel. El problema de rodearse de alacranes y habilitar sirvientes como empresarios es que, tarde o temprano, las filtraciones y las investigaciones federales encuentran el hilo conductor. El dinero mal habido puede comprar ranchos, pero jamás podrá comprar clase ni mucho menos capacidad para gobernar.
EL EGO DEL HEREDERO del pollero es colosal e inversamente proporcional a su estatura política. Hablamos de un personaje que, cuando estuvo encerrado en un penal federal en 2015, presumía la posesión de un violín valuado en 5 millones de pesos. ¡Vaya sensibilidad artística financiada por el erario de Soledad! El mismo que no tiene empacho en pasearse por el prestigioso centro ecuestre Al-Shaqab en Catar para acariciar caballos de raza árabe mientras el potosino de a pie se funde en el tráfico de la carretera a Matehuala o reza para que la Guardia Civil —esa que equipó con ridículos autos deportivos— aparezca por su colonia. El contraste es brutal: un intento de cacique con ínfulas de grandeza que viste de marcas exclusivas y viaja como magnate de Medio Oriente, pero que pretende conmover al pueblo bueno regalando mochilas verdes y lagrimeando en redes sociales como "el padrino" de los desprotegidos. Las ínfulas de grandeza siempre han sido el mejor camuflaje para los espíritus pequeños.
MIENTRAS TANTO, en las alturas de la Ciudad de México, el panorama adquiere tintes de alta hipocresía política. Es un secreto a voces en los pasillos de Palacio Nacional que la presidencia no acompaña la idea de instaurar un cacicazgo familiar disfrazado de paridad en San Luis Potosí. El puritanismo de la transformación arruga la nariz ante los métodos, los ranchos de 100 hectáreas y el origen de la fortuna gallardista. Sin embargo, del dicho al hecho hay una bancada de distancia. Desde la capital no le han querido marcar un alto definitivo porque, al final del día, el oficialismo padece de una terrible adicción a los votos que el PVEM y sus satélites le garantizan en el Congreso de la Unión para sacar adelante las reformas constitucionales. El amor en la política federal no es de convicciones, es de conveniencias.
ASÍ LAS COSAS, el "Pollo" sigue estirando la liga de la tolerancia presidencial, sabedor de que sus diputados federales son la moneda de cambio para comprar la impunidad de su feudo. Pero que no se confunda el inquilino de Palacio de Gobierno: una cosa es que en el centro le toleren los excesos legislativos por necesidad matemática, y otra muy distinta es que le vayan a validar que convierta el estado en un rancho de herencia familiar. La cuerda se tensa, el agua de las pipas ya no alcanza para tapar el descontento, los choferes millonarios ya no saben dónde esconder los papeles, los caballos finos ya no hallan por dónde correr y el maíz se está acabando...
SE DICE QUE... varios de los alcaldes y diputados locales del Partido Verde, de esos que hoy juran lealtad eterna y usan chaleco fosforescente hasta para dormir, ya mandaron a sus emisarios a tocar discretamente las puertas de la oficina del alcalde capitalino Enrique Galindo Ceballos. El trascendido en los pasillos del Ayuntamiento es que el nerviosismo por el cortocircuito matrimonial en la cúpula estatal tiene a todos temblando. Nadie quiere hundirse con el barco conyugal de Soledad. Ya hay quienes ofrecen entregar bases de datos completas, padrones de beneficiarios y estructuras completas a la oposición con tal de asegurar su sobrevivencia y su respectiva candidatura para el 2027. Cría cuervos...
















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