Mucho gusto Ex-machina
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Mucho gusto
Ex-machina
Por: Alberto Llanes
Siempre he tenido un cierto gusto por las películas futuristas, por el futuro en general. Mis primeras lecturas fueron las de Julio Verne y cuando imaginaba mundos alternos, realidades-irreales (para su tiempo) yo vibraba de emoción. De Julio Verne (muchos años después, ya en la Facultad de Letras y Comunicación como estudiante), brinqué a los brillantes libros de Philliph K. Dick e Isaac Asimov, donde los mundos distópicos, el avance tecnológico y la interacción con la IA son las constantes.
Desde hace mucho tiempo he creído, sentido y visto, que los problemas de la humanidad se han resuelto, primero, en la literatura y, posteriormente, en la vida real. Julio Verne creó en sus obras un viaje: De la tierra a la luna en una enorme cápsula espacial, el libro se publicó en 1865, cuando ni siquiera había viajes al espacio exterior. Neil Armstrong aterrizó en la faz lunar en 1969, ciento cuatro años después de que Verne escribiera su aventura lunar.
Isaac Asimov, científico y escritor estadounidense escribió un bello relato en 1976, donde humanos y máquinas confluyen en una relación cotidiana que se vuelve muy cercana. El hombre bicentenario es el título de ese cuento que más tarde sería película (1999), estelarizada por el gran Robin Williams; ahí, podemos ver, que el robot va adquiriendo ciertos hábitos que lo están volviendo “humano” y lucha por tener, al final de sus días como robot, los derechos a los que tiene acceso un humano. A tal grado llega la relación que el robot termina casándose con una humana, hija de la familia que lo adoptó para ayudar en las labores de la casa y para que fuera guía y compañía de las personas de ese núcleo familiar.
Ex-machina es una película que no había visto, no sé por qué motivo, al verla por primera vez para hacer este escrito para el diplomado en línea Agentes tic me gustó, me impactó y, al final de cuentas, me dejó pensando en varias cosas que he ido viendo y analizando en los textos o en las películas que tienen que ver con el contacto humano y una IA, donde se nota mucha soledad (y la gente se refugia en la internet o con una IA), hay poca relación humano con humano y todo se hace desde casa o detrás de una pantalla por medio de un dispositivo, sin el menor (y si lo hay es mínimo) contacto humano con humano. Lo empecé a notar desde que vi la película La Red (1995) donde Sandra Bullock actuando el personaje de Angela Benett quien es despojada de su identidad, de su vida y de todo lo que hace comúnmente por proteger un programa que le permite al usuario acceder a bases de datos secretas, Angela Benett trabaja todo el tiempo desde casa y su rutina es alejada de todo contacto con las personas, ella es experta en informática y, sin embargo, cae en esta red, por medio de la red, una metáfora de la vida cibernética a la que todos/as estamos expuestos. Angela es una solitaria y no sabe cómo actuar saliendo de su casa, tiene que aprender o afrontar los años de soledad, trabajando desde un computador.
En la película Her (2013) Joaquin Phoenix interpreta a Theodore Twombly un tipo solitario, escritor de cartas en una editorial pequeña, quien se enamora de su dispositivo que es, a final de cuentas su asistente virtual, una especie de Alexa, Siri, Aura o la mía en el Spotify que se llama DJ Livi y me programa la música que me gusta según al famoso algoritmo virtual que te proporciona, en tus redes sociales, resultados según las búsquedas que tú hagas, si buscas gatitos e información relacionada con los gatitos, obtienes todo esto y más con respecto al tema y así. Theodore llega al grado de tener una relación amorosa con un ente digital, hasta que se da cuenta que, en su mejor amiga, puede tener lo que siempre ha estado buscando.
Las IA o la IA (no sé si nombrarla en plural o singular, si sea una o sean muchas), crecen a pasos agigantados y las tenemos en todos lados, desde las calculadoras primigenias, hasta lo que conocemos y tenemos ahora. Es inevitable que nos relacionemos con ellas y hay que hacerlo de la mejor manera. Will Smith que interpreta al detective Del Spooner en la película Yo, robot (2004) no se lleva bien con el robot, ni con la IA de ese mundo en el que habita, él más bien es un ente viejo, usa Converse, le gusta el rock de la década de los años ochenta y noventa, se viste diferente del resto de las personas que le rodean, sin darse cuenta de que él mismo es una máquina. La cinta está basada, también, en un cuento del maravilloso autor Isaac Asimov.
En Ex-maquina; Los valores éticos a lo largo que avanza la película se van rompiendo y perdiendo, sucede desde el inicio cuando Natham le hace firmar a Caleb un acuerdo de confidencialidad y éste último pide tener a un abogado presente y Natham le dice que no y que se va a perder de muchas cosas si no firma el documento. El mismo Natham, para ser el científico que es, me parece, desde el inicio, que es un tipo nefasto (por eso termina como lo que sucede en la cinta traicionado por sus mismas creaciones).
Las creaciones de Natham han sufrido abusos, no conocen la calle, no conocen salvo esa especie de laboratorio-casa en medio de la nada donde habitan y han estado a la orden o bajo el yugo de su creador. Al ser robots o IA´s uno se imagina que no tienen sentimientos; pero como en El hombre bicentenario, estas IA´s empiezan a buscar esa forma de relación-humana que Caleb trae consigo y, al interactuar con las IA´s éstas descubren ese lado humano que ellas no tienen. Las máquinas entonces empiezan a adquirir conciencia o una especie de noción de conciencia que les hace ver las cosas de otra forma, con otra perspectiva, por eso cuando Ava conoce a Caleb programa esos momentos en rojo (corte de la energía) para entablar un diálogo con él sin que Natham los vea o interrumpa o, por lo menos, eso nos hacen creer. Por cierto, el robot de Wall-e también se llama Eva.
Las IA´s actuarán conforme a los criterios éticos de cada uno de nosotros que las usamos, sin olvidarnos de las tres leyes de la robótica: 1) Un robot no hará daño a un humano ni por inacción, permitirá que un ser humano sufra daños (en la película, en los cortes de energía, por lo menos la primera vez, pensé que Eva le iba a hacer daño a Caleb, pero recordé esta primera ley), 2) Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, salvo cuando estas órdenes entren en conflicto con la primera ley (por eso digo que los robots o las IA´s actuarán conforme a los criterios éticos de cada persona al momento de usarlos, siempre puede haber alguna forma en que las leyes se pudieran romper, sucede en muchas cosas, ámbitos, lugares, situaciones etcétera) y, 3) Un robot debe proteger su propia existencia en la medida que esta protección no entre en conflicto con la primera o la segunda ley (cosa que, claramente, no sucede con Eva ni en la película Ex-machina donde el argumento es, en síntesis, una máquina que deja de serlo para volverse humana). Al parecer todas las máquinas en estas historias citadas en el texto quieren alcanzar la humanidad o la humanización, algo bueno debe tener ser uno de ellos.
De entre mis películas favoritas también se encuentra la de Volver al futuro, una máquina (DeLorean) que viaja en el tiempo, vuela y tiene el poder de hacernos ver el futuro, reflexionar del pasado y, sobre todo, valorar nuestro presente.

















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