La Viennale presenta “La Perra” un film donde la soledad se sana de forma poética

Fotografía: Isidora Melo Ramírez/ La Viennale
Por: Oscar Sánchez
En el film festival la Viennale de Viena, Austria, Dominga Sotomayor propone una mirada poética sobre el abandono, la fragilidad de los vínculos y esa soledad que sólo parece encontrar consuelo cuando aprendemos a compartir la vida con otro ser.
En una isla del sur de Chile, donde la vida transcurre al ritmo de la recolección de algas y el paisaje parece contener sus propios silencios, La Perra, de la directora chilena Dominga Sotomayor, construye un relato íntimo sobre la soledad y la necesidad de establecer vínculos que nos permitan habitarla.
La historia sigue a Silva y a Yuri, una perra que llega a su vida y termina convirtiéndose en una presencia inseparable. Entre ambas se establece una relación que va más allá de la compañía: Yuri se transforma en una forma de pertenencia, en una presencia capaz de llenar los espacios vacíos de la existencia. Pero un día desaparece. Y con su ausencia comienza otra historia: la de la búsqueda, la desesperación y el encuentro inevitable con aquello que Silva quizá llevaba tiempo intentando no mirar.
¿Qué sucede cuando desaparece el ser que daba sentido a nuestros días? ¿Cuánto de nuestra propia fragilidad descubrimos cuando perdemos a quien nos acompañaba sin exigir explicaciones?
La película encuentra en Yuri mucho más que un personaje animal. Desde la mirada de la perra, el mundo humano aparece despojado de sus certezas: un territorio de gestos, silencios, distancias y afectos que no siempre sabemos nombrar. Allí donde las palabras fracasan, la presencia de un animal puede convertirse en una forma de comprensión. Yuri no necesita interpretar la soledad de Silva para acompañarla; basta con estar ahí. Su mirada, su cuerpo y su cercanía construyen un lenguaje elemental, anterior a las palabras.
Cuando esa presencia desaparece, el vacío deja de ser una abstracción y adquiere una dimensión física. La ausencia se vuelve búsqueda; la búsqueda, angustia; y la angustia, una confrontación con la soledad propia. En ese tránsito, La Perra nos recuerda que, a veces, el vínculo con otro ser no elimina nuestras heridas, pero nos permite reconocerlas y encontrar una manera de convivir con ellas.
Lejos de idealizar la relación entre humanos y animales, la película abre una reflexión sobre el abandono y la vulnerabilidad compartida. Quizá la soledad no consista únicamente en estar solos, sino en no encontrar una presencia ante la cual podamos existir sin defendernos. Desde esa perspectiva, Yuri representa una posibilidad de sanar: no una cura definitiva, sino el descubrimiento de que la compañía puede devolvernos, aunque sea temporalmente, al mundo.
Hay algo profundamente humano en la mirada de un perro: su capacidad de permanecer junto a nosotros sin pedirnos que expliquemos quiénes somos, qué hemos perdido o por qué nos sentimos solos. En esa sencillez reside la fuerza poética de la película. La Perra se convierte así en un grito íntimo contra la soledad que llevamos dentro, pero también en una invitación a reconocer los vínculos que nos sostienen, incluso cuando no sabemos cómo nombrarlos.
La distinción de Yuri, que recibió el premio Palm Dog en el Festival de Cannes de 2026, añade una resonancia especial a esta historia. Más allá del reconocimiento, su presencia nos invita a mirar de otra manera a quienes comparten nuestra existencia desde un lugar que no siempre sabemos comprender.
Porque, a veces, para volver a encontrarnos con nosotros mismos, primero necesitamos encontrar a otro ser. Y, cuando lo perdemos, descubrir cuánto de nuestra propia vida habíamos depositado en su mirada.

Fotografía: Isidora Melo Ramírez/ La Viennale

Fotografía: Isidora Melo Ramírez/ La Viennale
















.jpeg)

.jpg)


Comentarios