Elisabeth von Samsonow: cuando la escultura se convierte en territorio

Por: Oscar Sanchez
Elisabeth von Samsonow ocupa una posición singular dentro del arte contemporáneo austríaco. Artista, filósofa, escritora y activista, su trabajo se sitúa en un territorio difícil de clasificar: entre escultura y performance, entre pensamiento feminista y ecología, entre mito y política.
Su retrospectiva en la Heidi Horten Collection permite observar casi cinco décadas de una práctica que ha ido desplazando progresivamente la escultura desde el objeto hacia el cuerpo, el territorio y la acción.
Desde los años noventa, Samsonow trabaja con troncos completos de madera, especialmente tilo, transformándolos en figuras humanas, animales, plantas y seres híbridos. Sus esculturas parecen pertenecer simultáneamente a diferentes estados de la materia. No son cuerpos completamente humanos ni completamente animales; son cuerpos en transformación. Algunas pueden desplazarse, emitir sonidos o activarse mediante performances.
Aquí aparece una conexión relevante con la tradición de la escultura expandida que ha caracterizado buena parte del arte austríaco contemporáneo. En artistas como Erwin Wurm, la escultura abandona su condición de objeto estable para relacionarse con el cuerpo, el absurdo, el movimiento, la performance y el espacio social. Samsonow comparte esa ruptura con la escultura tradicional, pero conduce la expansión hacia otro territorio: la naturaleza, el pensamiento feminista y la dimensión ritual de la materia.
Su obra no pretende solamente representar un cuerpo diferente. Pretende cuestionar dónde termina el cuerpo humano y dónde comienza el paisaje.
La dimensión feminista de Samsonow tampoco se limita a la representación de mujeres o diosas. Su trabajo cuestiona las estructuras históricas mediante las cuales el cuerpo femenino, la naturaleza y la tierra han sido convertidos en objetos de apropiación.
Esta investigación alcanza una dimensión concreta en el Göttinnenland, un territorio de aproximadamente cuatro hectáreas en el Pulkautal, en Baja Austria, adquirido por Samsonow junto con otras personas vinculadas al arte y la investigación. Allí arte, ecología, arqueología, agricultura y prácticas comunitarias se encuentran en un mismo espacio.
La tierra deja de ser paisaje para convertirse en sujeto.
El proyecto se relaciona con su investigación sobre las antiguas figuraciones femeninas, el matriarcado y la figura de la diosa, pero Samsonow introduce una lectura política particularmente interesante: no se trata de idealizar un supuesto pasado matriarcal, sino de preguntarse qué modelos sociales podrían surgir de conceptos como cuidado, distribución, cooperación y relación con el territorio. En entrevistas, la artista ha insistido precisamente en la diferencia entre poseer y cuidar, y en la necesidad de cuestionar las estructuras de propiedad de la tierra.
De ahí surge su proyecto “Warum Frauen Land besitzen müssen” “Por qué las mujeres deben poseer tierra”. El título no funciona como una simple consigna feminista: introduce una cuestión material sobre propiedad, poder y producción.
Es en este punto donde el ecofeminismo deja de ser una etiqueta y se convierte en metodología.
Samsonow pertenece a una generación de artistas para quienes la crisis ecológica ya no puede abordarse exclusivamente mediante imágenes de naturaleza. Su respuesta consiste en trabajar directamente con el territorio.
El Göttinnenland funciona simultáneamente como obra, laboratorio, espacio de investigación y lugar de encuentro. La artista ha vinculado allí arqueología y ecología, estudiando desde los restos prehistóricos hasta la composición y explotación contemporánea del suelo. La tierra se convierte en un archivo vertical donde diferentes tiempos geológicos, arqueológicos, agrícolas y políticos se superponen.
Esta dimensión activa es fundamental para comprender su posición dentro del arte contemporáneo.
Samsonow no propone únicamente mirar la crisis ecológica. Propone cambiar nuestra posición frente a ella.
Por eso su práctica se aproxima al artivismo, aunque su lenguaje sea muy diferente al del activismo político convencional. Sus herramientas son la escultura, el ritual, la performance, la investigación, la escritura, la ocupación del territorio y la construcción de comunidad.
La tierra se convierte así en una especie de obra abierta.
La elección de Samsonow adquiere un significado particular dentro de la nueva etapa de la Heidi Horten Collection bajo la dirección de Verena Kaspar-Eisert.
Kaspar-Eisert ha planteado desde 2026 una reconsideración de la colección desde perspectivas contemporáneas, con mayor presencia de artistas mujeres y posiciones actuales, y con una intención explícita de relacionar las obras históricas con cuestiones sociales del presente. El programa incluye, significativamente, exposiciones sobre la relación entre humanos y animales, intervenciones escultóricas en el espacio público y proyectos que revisan la propia colección desde nuevas perspectivas.
En ese contexto, Samsonow funciona casi como una prueba de transformación institucional.
La pregunta ya no es únicamente qué obras posee el museo, sino qué preguntas puede producir una colección desde el presente.
El diálogo de Samsonow con obras de Egon Schiele, Francis Bacon, Georg Baselitz, Alexander Calder y otros artistas de la colección resulta especialmente significativo. En el caso de Schiele, por ejemplo, la relación no es solamente formal: Samsonow ha estudiado profundamente su obra y la exposición establece una resonancia intelectual entre ambos.
La operación es interesante porque permite que una colección histórica deje de funcionar como un canon cerrado y se convierta en un sistema de relaciones.
Más allá de la retrospectiva
La verdadera cuestión que plantea Samsonow no es si la naturaleza debe entrar en el museo.
Es si el museo puede salir de sí mismo.
Su obra propone una concepción del arte en la que escultura, filosofía, feminismo y ecología no constituyen disciplinas separadas. El cuerpo humano, el árbol, el suelo, la diosa, el animal y la comunidad forman parte de una misma red.
En este sentido, su trabajo pertenece a una transformación más amplia del arte contemporáneo: aquella que ha desplazado la obra desde el objeto autónomo hacia el proceso, el cuerpo, el territorio, la investigación y las relaciones sociales.
Pero Samsonow introduce una diferencia esencial. Frente a una parte del arte ecológico contemporáneo que representa la catástrofe ambiental, ella intenta construir espacios donde otra relación con la tierra pueda ser experimentada.
Su escultura no representa simplemente un cuerpo.
Es un cuerpo que todavía puede transformarse.
Y su tierra no es un paisaje que contemplamos.
Es un territorio con el que tenemos que aprender nuevamente a relacionarnos.
Heidi Horten Collection, Viena , Austria
19 de septiembre 2026 al 28 de febrero de 2027














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