El fracking no garantiza soberanía energética en México

* Aleida Azamar Alonso propone considerar los efectos sobre el agua, la salud y el empleo, así como alternativas energéticas locales.
Rodrigo Peredo Rangel
La extracción de gas por fracturación hidráulica (fracking) no garantiza por sí sola la soberanía energética de México y puede trasladar costos socioambientales a los territorios donde se realiza, advirtió la doctora Aleida Azamar Alonso, profesora titular de tiempo completo del Departamento de Producción Económica de la División de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Unidad Xochimilco.
La académica abordó los riesgos y alcances de esta técnica en la conferencia magistral La ilusión de la soberanía energética: fracking, impartida en el marco del VI Seminario Economía y Naturaleza.
Durante su exposición, analizó la dependencia mexicana del gas importado de Estados Unidos y la importancia de ese combustible para generar electricidad y abastecer procesos industriales. Producir una mayor cantidad de este recurso en el país podría reducir parte de las importaciones, explicó, pero no equivale a alcanzar la autonomía en este sector. Esta situación, agregó, responde a decisiones de infraestructura acumuladas a lo largo de los años y a la expansión de redes conectadas con el país vecino.
“La soberanía energética incluye también quién controla la infraestructura, qué tan diversificadas están todas las fuentes energéticas que tenemos, cómo se reparten los costos socioambientales”, afirmó. A estos factores se suma la capacidad para responder ante interrupciones del suministro o cambios de precios. Por ello, mencionó, la discusión no se limita a cuánto gases factible extraerse, sino a qué sistema energético se consolida a partir de las inversiones actuales.
La doctora Azamar Alonso puntualizó que los pozos forman parte de una cadena que requiere caminos, plataformas, ductos, transporte, agua, almacenamiento y manejo de residuos. Las centrales eléctricas y los gasoductos pueden operar por décadas, de modo que ampliar esa infraestructura prolongaría la dependencia de este combustible. “Producción, infraestructura y consumo forman parte del mismo sistema que a veces no vemos”, subrayó.
La fracturación hidráulica, dijo, no es un hecho aislado ni se reduce a inyectar agua a presión para liberar el gas. El proceso comienza con la preparación del terreno y la perforación de pozos; después comprende la producción, el mantenimiento, el transporte y el tratamiento del agua que regresa a la superficie. “Forma parte de una actividad industrial extendida en el territorio y no de un evento aislado”, expuso. En regiones con presión sobre los recursos hídricos, la agricultura o ecosistemas frágiles, los efectos de estas operaciones deben evaluarse junto con las posibilidades de extracción.
Respecto de los residuos, aclaró que el fluido de retorno es posible que contenga sales, hidrocarburos, metales y otros compuestos, por lo que requiere procesos adecuados de almacenamiento, tratamiento, transporte o disposición final. Entre las afectaciones territoriales identificó el tránsito de vehículos, el ruido, la modificación del paisaje y el incremento en la demanda de servicios. En materia de salud, precisó que los impactos son difíciles de estudiar porque pueden manifestarse a largo plazo y obedecer a múltiples causas; apuntó posibles vías de exposición a contaminantes presentes en el aire y el agua, junto con los efectos del ruido.
Sobre las repercusiones económicas en las comunidades, indicó que en la perforación puede aumentar la generación de puestos de trabajo y la contratación de servicios, pero la operación posterior demanda una plantilla laboral más reducida. Si las poblaciones adaptan viviendas, servicios y vialidades al periodo de mayor actividad, podrían enfrentar gastos y dificultades económicas cuando disminuya la presencia de trabajadores.
La doctora Azamar Alonso destacó la importancia de distinguir entre los recursos estimados y las reservas que pueden aprovecharse: se requieren estudios y perforaciones para saber cuánto podría recuperarse y bajo qué condiciones. Las estimaciones disponibles, aseveró, tampoco permiten establecer cuántos pozos serían necesarios ni el ritmo de extracción.
Como alternativa, propuso cuestionar el modelo de crecimiento ilimitado y explorar fuentes energéticas de alcance local, junto con opciones como la captación de agua de lluvia y el aprovechamiento de la energía solar. La especialista concluyó con un llamado a imaginar otras formas de desarrollo y aprovechamiento de los recursos naturales, bajo la premisa de que “otros mundos son posibles”.
















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