Del Kaamos al Kalsarikänni y no morir en el intento
Por Juan Antonio Sánchez

Si le dijeras a cualquiera que va a pasar dos meses enteros sin ver el sol, probablemente entraría en pánico: empezaría a acaparar vitamina D como si fuera una nueva pandemia de Covid y, cual Snufkin, empacaría su tienda de campaña para escapar del frío Valle Moomin y migrar hacia el sur en busca del sol.
Resulta que hay un lugar en la Tierra donde el tiempo no lo marcan los relojes, sino la inclinación caprichosa de la luz. En lo más alto del norte, allí donde los bosques y los lagos helados susurran historias antiguas, donde Tulikettu corre por las colinas nevadas azotando su cola contra la nieve, lanzando chispas hacia el cielo que crean las mágicas auroras boreales y habitan las personas más felices del mundo —sí, hablo de Finlandia—, la naturaleza celebra cada invierno un rito de silencio y recogimiento. Los finlandeses, fieles a su costumbre de dar nombre a todo, conocen este fenómeno como el Kaamos.

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Pero qué es exactamente el Kaamos? Es el término finés que hace referencia al periodo invernal en las regiones árticas (principalmente en la Laponia finlandesa) en el que el sol permanece oculto durante semanas. Dependiendo de qué tan al norte te encuentres, la noche polar puede durar desde un par de días hasta casi dos meses. El Kaamos es, «Ei pidä pelätä kaamosta. Kaamos ei vie sinulta aurinkoa, vaan se lahjoittaa sinulle sinisen hetken ja aikaa katsoa sisimpääsi.*». Traducción (No hay que temer a la noche polar. El Kaamos no te quita el sol; te regala la luz azul y el tiempo para mirar hacia dentro.)
Durante esta época del año, el sol simplemente no llega a asomar. Sin embargo, lejos de ser un periodo sombrío o triste, los finlandeses han aprendido a transformar la falta de luz en una experiencia de calma, calidez y reconexión interior, que Aleksis Kivi describe a la perfección «Pohjolan talvi ei ole kuollut vuodenaika, vaan syvä ja sininen uni ennen kevään heräämistä.» Traducción (El invierno en el Norte no es una estación muerta, es un sueño profundo y azul antes del despertar de la primavera.) o tal vez es un simplemente: ¡Por fin! ¡El momento perfecto para no hablar con nadie y tomar café en pijama!.
Entrar a una casa finlandesa en pleno Kaamos es lo más parecido a entrar a una clínica de fototerapia. Suele haber lámparas especiales en la cocina, en la oficina y casi hasta en el baño. Y si la luz artificial falla, siempre queda la vitamina D. En Finlandia la vitamina D no solo se toma: se desayuna, se come y se cena acompañada de café y glögi, mientras un foco de luz blanca te da en la cara que parece derretirte las pestañas, pero deja a tu cerebro convencido de que no estás en el Ártico, sino desnudo tumbado sobre la arena de la playa de Zipolite sintiendo el abrazo del sol.

Los finlandeses son tan maestros en sobrellevar el invierno que también han creado una palabra específica para este pasatiempo nacional: Kalsarikänni. Es la costumbre de quedarse en casa, en ropa interior, bebiendo solo y sin ninguna intención de salir. Algo así como cuando en México nos encerramos para ponernos pedos solos para agarrar valor y marcarle a la ex a medianoche, pero con la diferencia de que los finlandeses entienden que el invierno es una pausa. Es la inhalación profunda del bosque, la invitación al recogimiento, al abrazo de las sombras y al calor del refugio.

El Kalsarikänni no es motivo de depresión; ¡es un orgullo nacional! De hecho, el propio Ministerio de Asuntos Exteriores de Finlandia creó un emoji oficial para explicar este concepto al resto del mundo. ¿Para qué vas a salir a un bar a pasar frío si puedes ponerte tus calcetines de lana más gruesos y abrir una cerveza en la comodidad de tu casa con calefacción?
La verdadera clave de los finlandeses para no deprimirse durante el Kaamos combina la mentalidad, el kotoilu (el placer de estar en casa) y la sauna. Hay más saunas que coches en Finlandia (unas 3.2 millones para 5.5 millones de personas) y, en invierno, la rutina es sagrada y debe Seguirse al pie:
Te metes en una habitación de madera a 90 °C hasta estar a punto de cocción.
Sales corriendo descalzo por la nieve.
Te tiras de cabeza y haces avantouinti.
Sientes cómo se te reinicia el sistema operativo.
Vuelves a la sauna a celebrar que sigues vivo.
El Kaamos nos recuerda algo profundamente humano que el ritmo acelerado del mundo moderno suele olvidar: hay belleza en el descanso, y la oscuridad no siempre es pérdida, sino germinación.
Al final, la noche polar dura solo un par de meses. Bajo la capa protectora de la nieve y el arrullo del invierno, Finlandia no duerme; sueña, contempla y espera. Porque solo quien ha aprendido a amar la luz azul del invierno puede comprender verdaderamente el milagro del primer rayo de sol en la primavera… Y ahí prepárate, porque los finlandeses salen a la calle en camiseta aunque estén a 2 °C.

















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