top of page

Del frío nórdico al cempasúchil

hace 1 minuto
4 min de lectura
Por: Juan Antonio Sánchez

Mientras el Día de Muertos mexicano convierte la ausencia en un banquete, en la tradición nórdica y nórdico-finesa el silencio, el bosque y miles de linternas son los verdaderos protagonistas.



Cuando los días se acortan drásticamente en el norte de Europa y las primeras heladas cubren la vegetación, el paisaje experimenta una transformación sobria. Entre el 31 de octubre y los primeros días de noviembre, Suecia, Finlandia, Noruega y Dinamarca conmemoran a sus fallecidos. A miles de kilómetros de distancia, en cambio, el aire de México cambia de golpe: huele a copal quemado, a ponche y a esa flor de cempasúchil que nos recuerda que la muerte no es gris, sino amorosa colorida. Como bien escribió Octavio Paz: "El amor es una de las respuestas que el hombre ha inventado para mirar de frente a la muerte”».


Ambas tradiciones nacen de una necesidad ancestral idéntica: dialogar con quienes ya no están justo cuando la naturaleza parece morir en el umbral del invierno. Para la tradición germánica nórdica, la memoria trasciende a través del legado, tal como recuerda el Hávamál, uno de los poemas más célebres de la literatura nórdica antigua:


«Deyr fé, deyja frændr, deyr sjálfr it sama; ek veit einn, at aldrei deyr: dómr um dauðan hvern.»

(«El ganado muere, los parientes mueren, uno mismo muere de la misma manera; sé de una sola cosa que jamás muere: el juicio sobre cada hombre muerto»).


Por eso allá no hay calaveritas de azúcar ni papel picado bailando con el viento. Los nórdicos viven estos días con una reverencia que impresiona: un silencio tan profundo que parece que hasta los pinos detienen el aliento. En cambio, para nosotros en México, recordar a los que se nos adelantaron tiene de todo menos silencio; es la excusa perfecta para demostrarle a la Catrina que a los mexicanos nos sobra valentía y alegría, por lo que hasta para los muertos hacemos fiesta.


En el norte de Europa, cuando el otoño aprieta y las tardes se apagan temprano, el tributo a los difuntos no ocurre en medio del bullicio, sino en la quietud de los cementerios. Durante el Alla helgons dag en Suecia o el Pyhäinpäivä en Finlandia, la gente sale al atardecer rumbo a los panteones, que suelen ser bosques antiguos donde la naturaleza abraza a a quienes descansan.


Muestra de ello es el célebre cementerio de Skogskyrkogården en Estocolmo —diseñado por Gunnar Asplund y Sigurd Lewerentz para integrarse con el paisaje—, donde las familias acuden al caer la tarde. Imagina la escena: miles de personas caminando en silencio sepulcral entre los árboles, sobre la hojarasca o la nieve, colocando gravljus sobre las tumbas o en las zonas comunes de memoria (minneslund). De pronto, el bosque entero queda iluminado por un mar de flamas doradas. No hay ruido no hay música; solo calma y respeto que eriza la piel por su sobria belleza.


En contraste, el Día de Muertos en México concibe la tumba y el altar familiar no como un sitio de recogimiento solitario, sino como el escenario de un reencuentro vivo. A través de un puente de pétalos color naranja, se cree que los difuntos regresan para disfrutar del mole, el pan de muerto, el mezcal y la música que amaron en vida. Es una celebración colectiva donde el llanto y la risa coexisten, y donde la muerte se despoja de su manto trágico para convertirse en una fiesta de bienvenida.

Pensar en estas dos formas de contemplar la muerte es como asomarse a las dos caras de una misma moneda. Por un lado están el Helheim nórdico y el Tuonela finlandés; por el otro, el Mictlán mexicano. En el fondo, lugares donde ya no importa de dónde vienes, sino cómo viviste y cómo llegaste.

Si para nosotros el camino de los muertos se traza con pétalos que guían a las almas como destellos de sol, en el norte el camino se dibuja con fuego. Allá, la vela no espera a que el ánima regrese a cenar, es el faro que el vivo sostiene en la mano para recordarse que el amor sobrevive al invierno. Tanto la flama como el pétalo son luz; ambos son memoria.


En México abrimos las puertas de par en par, preparamos tamales y dejamos la casa lista para que pase nuestro difunto (y alguno que otro vivo a acompañar la fiesta). En la Escandinavia antigua, durante el Álfablót, se cerraban los portones de la granja para proteger el fuego del hogar y honrar en privado a los ancestros; mientras tanto, en el folclore finlandés se celebraba el Kekri, un festín de la cosecha donde los difuntos regresaban a comer y a compartir la sauna con la familia. Fieles a su privacidad, los pueblos del norte buscan la intimidad para sus muertos; acá, los mexicanos, devotos de la alegría, arman la fiesta en el barrio.


Al final, ya sea bajo el cielo plomizo de un bosque nórdico o bajo la luna de un panteón mexicano, los seres humanos buscamos exactamente lo mismo: ritualizar la muerte para no morirnos de susto ante el olvido.

Los mexicanos lo resolvemos a gritos, con mezcal, risas y pan de muerto, abrazando a la pelona para quitarle lo fría. En el norte la enfrentan con la dignidad del silencio, acurrucándose junto a una vela y confiando en que una pequeña chispa basta para calentar la noche más larga del año.

Son dos geografías distintas y dos maneras de latir. Pero cuando cae la tarde y se enciende la primera vela, el amor es uno solo: la memoria es la voz de los vivos rebelándose a que la fría muerte gane la partida y nos haga creer en el olvido. Por eso, ya sea en la quietud del silencio o entre el estruendo de una canción, tanto nórdicos como mexicanos la miramos a los ojos para recordarle que quienes partieron vivirán por siempre en nuestros corazones.



Comentarios


Aviso Oportuno

Cuartos en Renta, Villa de Álvarez

Cuartos en Renta, Villa de Álvarez

Casa en venta, Villa de Álvarez

Casa en venta, Villa de Álvarez

Residencia en venta, Villa de Álvare

Residencia en venta, Villa de Álvare

Se vende Hyundai, Verna 2005

Se vende Hyundai, Verna 2005

Chevrolet Prisma 2016

Chevrolet Prisma 2016

Sentra 2005, Manzanillo

Sentra 2005, Manzanillo

Toyota Cambri 2016

Toyota Cambri 2016

Cambio por Tsuru, Colima

Cambio por Tsuru, Colima

1/19
WhatsApp Image 2024-11-05 at 11.01.29 AM (2).jpeg
organon_Mesa de trabajo 1.jpg
FORO CINE LA LEALTAD 243 X 400 (1).jpg
WhatsApp Image 2024-11-05 at 11.55.08 AM.jpeg
Cirugía de párpados

Periodistas comprometidos con la verdad

Quiénes somos

Contacto

Anúnciate

Aviso legal

Aviso de privacidad

Derechos Reservados © La Lealtad 2026

  • Grey Facebook Icon
  • Grey Twitter Icon
  • Grey YouTube Icon
bottom of page