Bernhard Leitner: el sonido como arquitectura del espacio

Por: Oscar Sánchez
En la Secession de Viena, Bernhard Leitner presenta “SOUNDSPACESCULPTURE”, una exposición que permite reconsiderar, desde una perspectiva contemporánea, más de cinco décadas de investigación sobre una pregunta radical: ¿qué sucede cuando el sonido deja de ser un fenómeno que escuchamos para convertirse en una materia capaz de construir espacio?
Desde finales de los años sesenta, Leitner ha desarrollado una práctica situada en un territorio intermedio entre la arquitectura, la escultura, la música y la percepción corporal. Formado como arquitecto, y profundamente influido por la música contemporánea, la danza y las artes visuales, comenzó a concebir el sonido no como acompañamiento de un espacio preexistente, sino como material constructivo. En Nueva York, donde vivió entre 1969 y 1982, desarrolló sus primeras investigaciones sobre las Ton-Raum-Skulpturen esculturas de sonido y espacio y formuló un vocabulario que continúa siendo fundamental para comprender buena parte de la evolución posterior de la Sound Art.
Su importancia histórica reside precisamente ahí: Leitner no se limitó a introducir el sonido en el campo de la escultura. Transformó la propia definición de espacio escultórico, proponiendo que una obra pudiera existir como una estructura temporal de frecuencias, movimientos, direcciones, vibraciones y trayectorias acústicas. Sus primeros dibujos y esquemas ya imaginaban líneas sonoras horizontales y verticales, movimientos pendulares, ondas y desplazamientos acústicos capaces de organizar el espacio como si se tratara de una arquitectura invisible.
La exposición de la Secession adquiere especial relevancia porque no presenta simplemente una retrospectiva. Pone en relación aquellos primeros modelos teóricos con una nueva instalación concebida específicamente para este espacio: Wasser Würfel / Wand Wellen (2026). La obra establece un vínculo directo con el Soundcube, concebido por Leitner en 1969 como un modelo teórico de cubo equipado con múltiples altavoces. Más de cinco décadas después, aquella investigación encuentra una nueva formulación material.
En Wasser Würfel / Wand Wellen, los sonidos del agua recorren un sistema de 48 canales instalado dentro de un monumental cubo espacial. Los altavoces, suspendidos mediante tubos de PVC, producen líneas, ondas y trayectorias acústicas que atraviesan el espacio en diferentes ritmos y direcciones. La geometría del cubo dialoga además con la propia arquitectura de la Secession: el suelo de terrazo, la cubierta acristalada y las puertas de casetones configuran un sistema geométrico que Leitner convierte en una estructura acústica.
Aquí la arquitectura deja de ser un contenedor neutral. El espacio expositivo se convierte en instrumento.
Esta idea atraviesa toda la exposición. En Ton-Liege, originalmente concebida en 1975 y realizada escultóricamente en 2022, el sonido se desplaza directamente a través del cuerpo de quien permanece acostado sobre la pieza. Dos fuentes sonoras, situadas respectivamente en la zona del pecho y de los pies, producen una circulación acústica que hace perceptible el sonido como vibración corporal. Leitner denomina esta experiencia Körper Hören: “escuchar con el cuerpo”.
La expresión resulta especialmente significativa para comprender su práctica. Frente a una concepción tradicional del espectador como sujeto situado delante de la obra, Leitner plantea un cuerpo que entra en la obra, la atraviesa y es atravesado por ella. Escuchar deja de ser exclusivamente una operación del oído y se convierte en una experiencia física, espacial y temporal.
Esta dimensión se radicaliza en Pulsierende Stille 2 (2026), donde bajas frecuencias de 75, 84 y 92 Hertz producen vibraciones que apenas pueden percibirse auditivamente, pero que se experimentan físicamente al atravesar la instalación. El silencio deja entonces de significar ausencia de sonido: se convierte en una presencia vibratoria.
En Klang-Strahlen (2026), Leitner explora otra dimensión de su investigación: la posibilidad de proyectar el sonido como una imagen espacial. Las ondas procedentes de unas estructuras parabólicas son desviadas mediante placas metálicas y aparecen acústicamente en lugares donde no existe una fuente sonora visible. El sonido adquiere así una suerte de geometría invisible. Una intervención concebida para el Friso de Beethoven de Gustav Klimt prolonga esta investigación mediante cuatro haces sonoros dirigidos hacia la arquitectura del espacio.
La exposición revela, por tanto, una continuidad poco habitual entre pensamiento, dibujo, tecnología y experiencia corporal. Las primeras investigaciones de Leitner no aparecen como documentos de una época cerrada, sino como prototipos conceptuales de problemas que siguen siendo centrales para el arte contemporáneo: la relación entre cuerpo y arquitectura, la percepción multisensorial, la espacialización del sonido, la disolución de los límites entre escultura e instalación y la participación activa del espectador.
Leitner trabaja además con una biblioteca sonora acumulada durante décadas: sonidos ambientales, voces, lenguaje hablado e instrumentos acústicos que son digitalmente transformados y reorganizados. Pero la tecnología nunca constituye el verdadero centro de su obra. Lo fundamental es la experiencia que produce: un espacio que cambia cuando el cuerpo se desplaza, un sonido que parece tener dirección, volumen y densidad, una arquitectura que deja de ser fija para convertirse en un campo dinámico.
En este sentido, “SOUNDSPACESCULPTURE” puede leerse también como una investigación sobre los límites de la percepción. ¿Dónde termina el cuerpo y dónde comienza el espacio? ¿Dónde se sitúa realmente un sonido? ¿Puede una vibración convertirse en escultura? ¿Puede una arquitectura ser escuchada?
Estas preguntas adquieren hoy una particular resonancia. En un momento en que la instalación inmersiva, el arte sonoro y las prácticas multisensoriales ocupan un lugar cada vez más importante en el arte contemporáneo, regresar a Leitner permite reconocer que muchas de estas preocupaciones tienen una genealogía mucho más profunda. Su obra no pertenece simplemente a la historia de la Sound Art: contribuyó a construirla.
La Secession ofrece así un contexto especialmente pertinente para esta exposición. Frente a una historia del arte dominada por la imagen y el objeto, Leitner propone una escultura que no puede ser contemplada desde la distancia. Hay que atravesarla, escucharla, sentirla y, en cierto sentido, convertirse en parte de ella.
Más de cincuenta años después de sus primeros Ton-Raum-Untersuchungen, el proyecto continúa abierto. El sonido sigue siendo para Leitner una materia arquitectónica en movimiento: invisible, pero capaz de ocupar un espacio; intangible, pero corporal; efímera, pero estructurante.
En “SOUNDSPACESCULPTURE”, la Secession no presenta únicamente la obra de un pionero. Presenta una investigación que ha desplazado una de las fronteras fundamentales del arte moderno: la frontera entre escuchar y habitar, entre cuerpo y arquitectura, entre sonido y escultura.
Secession, Viena Austria
11 de septiembre al 22 de noviembre de 2026














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