Ágora: Ojalá lo entendamos a tiempo


Ojalá lo entendamos a tiempo.


Dicen que se vale soñar, pero a mí me gustaría que todos en la ciudad y el país nos tomáramos con más seriedad el tema ecológico, e ir plantando árboles de todo tipo, –cuidando obviamente, que sean aptos para resistir nuestro clima tan extremo–, a lo mejor de ese modo conseguiríamos ganarle algo de espacio a esta espantosa sequía que padecemos en muchos lados del país, y si traigo el tema a colocación (muy a mi estilo de pensar las cosas a contra corriente de lo que la mayoría hace), es con todo propósito, por la creciente importancia que el tema de los hidrocarburos ha tomado en la opinión pública nacional, con el reciente intento del gobierno federal de combatir el robo de combustibles.


Digo que bien haríamos en tomarnos el tema ecológico con mayor seriedad, porque me parece que la mayor parte de lo que en términos de cuidado ambiental y sustentabilidad podríamos, y deberíamos estar haciendo desde hace décadas, se queda la más de las veces, cando no en buenas intenciones, en proyectos de muy bajo alcance que no sirven para otra cosa que lavar la conciencia de unos cuantos, o peor, para alimentar el consumismo de todo tipo de inventos, cuyo precio los deja fuera del alcance de la gran mayoría, tal es el caso de buena parte de los artículos ahorradores de energía y demás opciones ecologistas que hay hoy en día.


Es tanto lo que haríamos en términos de mejoramiento ambiental y de abaratamiento en el costo de vida de todos, así como de fortalecimiento de nuestros lazos comunitarios, si nos tomáramos en serio lo del respeto al medio ambiente, que me parece un despropósito que no hagamos más de lo que hasta aquí hemos hecho. N’hombre, ya se ocuparan del tema en su momento; algo inventarán mañana, no te apures –es lo que comúnmente me dicen cuando estos temas salen a relucir, (somos perennemente positivistas), guardamos una fe desmedida en el progreso futuro, sin entender que un día de pronto podría ya no haber más días para cambiar.


En ese sentido, diría que no pocos le guardan –lo mismo por costumbre, que por consuelo y comodidad–, una fe ciega a la inventiva del ser humano, sin ponerse siquiera a pensar, que ese ingenio y capacidad que históricamente nos ha distinguido como civilización, ha llegado a veces muy tarde, y si ya ha pasado antes, (piénsese por ejemplo en los mayas de México y Centro América, en los Rapa Nui de la isla de Pascua, o en la extinción masiva de especies que la expansión de la moderna civilización occidental generó en los últimos 500 años), no veo por qué no pudiera volver a ocurrir.


Tú estás loco hombre, de plano quisieras que volviéramos todos a vivir como en la época de las cavernas –me dicen muchos en tono de sorna y burla para tomar a la ligera lo que pienso al respecto. Y no puedo sino dolerme, porque me desespera pensar que a la vuelta de la esquina podríamos quedarnos sin mundo y sin embargo, la gran mayoría permanece tan ajena a esa ineludible responsabilidad de cuidar esa casa de todos, llamada tierra, y a la cual tratamos como si tuviéramos muchas más, cuando la gran realidad es que se tenga mucho o poco, lo cierto es que estamos todos en una isla.


Pues a lo mejor tendrás razón, pero tú eres de los que nomás se quejan y no propones absolutamente nada –atajan otros. Y pienso, austeridad, racionamiento estricto de recursos, y o el desarrollo masivo de huertos urbanos con el propósito de romper o debilitar mucho el clientelismo para que la gente tenga comida por el auto consumo y también la posibilidad de generar una economía secundaria que fortalezca las comunidades desde abajo, seguro harían bastante por nuestro localidad (porque ahí es justamente donde todos estos temas debieran de ser atajados, en lo más inmediato).


Porque además del impacto ecológico de la cuestión, me preocupa que cuanto menos trabajo ligado directamente a nuestra comunidad hagamos, mayor se vuelve nuestra dependencia a que todo lo que requerimos para vivir venga de otros lados, lo cual no necesariamente habría de ser malo, si en la misma medida nos ocupáramos de no abandonar lo que siempre fuimos (sociedades agrarias con respeto por el entorno), porque la cosa no es sólo cuestión de identidad o tradición (como algunos llegan a pensar), sino un asunto vital.


A como yo lo veo, el día que el petróleo y todos los combustibles se agoten (que no está lejos ese día, porque según las estimaciones más serias, lo cosa se tornará crítica en treinta años), no sólo todo subirá horrores, también sucederá que lo que desde fuera nos llega no tendrá modo de ser trasladado, y no quedará entonces, más remedio que volver al auto consumo, pero si no tenemos la prudencia de comenzar desde ahora, para el momento que esa eventualidad se vuelva una realidad, podríamos no estar preparados siquiera para resistir y aprender a adaptarnos.


Al final como he dicho en otras oportunidades, lo importante no es lo que tenemos, sino lo que hacemos, y la verdad es que por el modo que actualmente vivimos, muchos se enajenan más por lo que consiguen acumular, que por lo que realmente hacen... Y vaya si hay mucho por hacer, ojalá lo entendamos a tiempo, digo ya sino por la debacle ecológica que nos espera, si al menos para no vernos padecer permanentemente con el desabasto de combustibles y sus consecuencias de movilidad más inmediatas, lo que algunos en el país han tenido que padecer por apenas una semana.

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