Café exprés


Somos lo que hemos leído…


No hay un método para fomentar la lectura. Y menos en un país como el nuestro donde las necesidades básicas son otras. Donde gastar en un libro se ve precisamente como eso, un gasto y no una inversión que rendirá frutos a corto o largo plazo; y donde se fomenta la lectura y no la escritura. No, no hay un método para enseñar la lectura por placer. Porque no todos los grupos son iguales y mucho menos porque todos los textos funcionan igual en grupos diversos. Lo que sí hay son estudiosos del tema y bibliografía al respecto. Mi gurú en ese sentido es Daniel Pennac con “El derecho de los lectores”, derecho que viene implícito al leer el libro Como una novela, donde unos papás tratan de guiar, porque a final de cuenta eso somos los papás, una guía, un faro… a un niño por el camino de la lectura, las letras y los libros.


Juan Domingo Argüelles dice que debemos trabajar en pequeñas sectas, grupos que se reúnan de cuando en cuando a leer pero también a escribir, porque una actividad es inherente a la otra. Yo creo que se debe fomentar la escritura para así tener más y mejores lectores. Benito Taibo, otro gran promotor del placer de leer, en su libro Persona normal narra la vida de Sebastián quien a temprana edad se queda sólo (huérfano) y llega a vivir con su tío, el tío se va a convertir en mediador de las lecturas del pequeño. En un guía indiscutible… y las aventuras están por venir. Quedando en entredicho que el placer de leer empieza desde casa.


Felipe Garrido, en el maravilloso libro El buen lector se hace, no nace (desde el título queda esto muy en claro) cuenta que a él le agradó sobremanera “La libertad de elegir”, libertad de elegir los libros que él quisiera, sobre las temáticas que él quisiera y que fueran atrayentes y adecuadas o no para su edad (eso él lo decidió); todo esto luego de que su padre lo llevara a una librería y le dijera que podría seleccionar dentro de ese universo infinito de posibilidades, el título, la portada, el tema, el autor o autora, los colores y lo que más le gustara de su libro favorito. Hago hincapié en que el gusto por la lectura comienza desde casa, quizá ese sea el único método efectivo.


En Leo, luego escribo, Mónica Lavín nos deja un perfecto manual de sus lecturas (esas que la han marcado) y que si el cuerpo registrara todas las heridas provocadas por la lectura estaría llena de pequeñas cicatrices (algunas más profundas, otras más ligeras y livianas, otras menos notorias) que le han dejado los libros y las historias de los libros en ella. Y los complementa con cuentos que uno no pude sacar de su cabeza tan fácilmente y loe reúne en ese libro.


Ricardo Garibay en su Oficio de leer se asume antes que nada como lector y algo que consiguió y que es raro de lograr… “que le pagaran por leer”, el mejor oficio es el que tengo, soy un lector, dice Ricardo Garibay.


Benito Taibo, hombre más dedicado a las letras que a los números, saca cuentas de los libros que podría llegar a leer una persona en su vida, teniendo en cuenta que la vida lectora útil oscila entre los setenta y cuatro años; eso si tenemos la dicha de vivir ochenta años y si empezamos a leer desde los seis de edad (buena edad para comenzar), y si a todo esto le agregamos… el leer, sin parar, un libro a la semana y durante esos setenta y cuatro años, lo que nos da tres mil ochocientos cuarenta y ocho títulos que si lo comparamos con lo que se imprime diario, en todo el mundo, es nada y si lo comparamos aún más con Honorato de Balzac que escribió más de ciento treinta libros, que Víctor Hugo tiene más de setenta y que Salgari tiene más de cien y ya no digamos Julio Verne entre otros, nos queda el entendido de que no leemos absolutamente nada. Por eso hay que seleccionar bien nuestras lecturas porque el tiempo es implacable y a ese no lo detiene nadie, nadie. Decía Tomás Eloy Martínez en una frase contundente a la vez que terrible: “Somos lo que hemos leído o seremos por el contrario la ausencia que los libros han dejado en nuestras vidas”. ¡Pum!


En mi experiencia como guía lector, como faro, como mediador de una sala de lectura, puedo decir que nada está escrito, que siempre nos tenemos que sorprender y que es un gran elogio leer en voz alta con alumnos, personas, iniciados, expertos en el tema, compartirles el gusto por la lectura y es mucho más halagador que digan que gracias a un texto que compartimos en clase, en sesión, en taller, en una sala de lectura, en una charla, en una presentación… alguien se astilló bondadosamente con la astilla de la literatura y esa pequeña partícula se le quedó grabada, metida profundamente y para siempre y que con eso empezó a leer. Eso es sumamente halagador. Y puede también empezar la labor desde casa o con nuestro alumnado.


Dejo en este pequeño texto que no pretende ser ni académico ni aleccionador, ni mucho menos quiere ser ostentoso o pecar de presumidor, simplemente es un pequeño universo de tantas y tan variadas posibilidades lectoras, decía pues, que dejo en este pequeño texto un top diez de los textos que en mi experiencia lectora utilizo, comparto y leo en voz alta con mis grupos y sé que funcionan para el trabajo en las salas de lectura o en los talleres de lectura en voz alta:


1) Persona normal de Benito Taibo

2) El azar es azul de Luis Horacio Heredia

3) Luna caliente de Mempo Giardinelli

4) Demasiado amor de Sara Sefchovich

5) El complot mongol de Rafael Bernal

6) Música lunar de Efraín Bartolomé

7) Nuevo recuento de poemas de Jaime Sabines

8) Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda

9) La tormenta Hindú de Ana García Bergua

10 La verdad sobre el caso Harry Quebert de Jöel Dicker


Espero que estas propuestas guíen al mayor número de personas al poder que tiene y ha tenido la palabra. Bienvenidos a leer.


Bibliografía en orden de aparición:


Pennac, Daniel (1992). Como una novela. Grupo Editorial Norma, México.

Domingo, Juan Argüelles (2003) ¿Qué leen los que no leen? Paidós, México.

Taibo, Benito (2011). Persona normal. Destino, México.

Taibo, Benito (2014). Desde mi muro. Planeta, México.

Garrido, Felipe (1999). El buen lector se hace, no nace. Paidós, México.

Lavín, Mónica (2011). Leo, luego escribo. Lectorum, México.

Garibay, Ricardo (1996). Oficio de leer. Océano exprés. México.

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